por CLAUDIO MADAIRES
claudio.madaires@gmail.com
Te he soñado con ojos lagrimeantes:
fantasma que neblina más ligera...
Me enredaba en tu alma toda entera,
marchitados los cuerpos como amantes...
Mas no hay noche de Luna duradera,
ni ensueños que no sean inconstantes.
Imaginé cobija por instantes
bajo un Árbol de onírica madera.
Por fantasear amando, ¡quiero verte!,
¡oh rama florecida en tronco puro!,
con plena intensidad cual de fervor...
Si el Árbol existiere y nos revierte
de nuevo cuando amantes, ¡te lo juro!,
ambos seremos ramas del Amor.
© CLAUDIO MADAIRES. De su libro Donde los amantes no se atreven

http://sonetosdeamor1001.blogspot.com.ar/
claudio.madaires@gmail.com
Te he soñado con ojos lagrimeantes:
fantasma que neblina más ligera...
Me enredaba en tu alma toda entera,
marchitados los cuerpos como amantes...
Mas no hay noche de Luna duradera,
ni ensueños que no sean inconstantes.
Imaginé cobija por instantes
bajo un Árbol de onírica madera.
Por fantasear amando, ¡quiero verte!,
¡oh rama florecida en tronco puro!,
con plena intensidad cual de fervor...
Si el Árbol existiere y nos revierte
de nuevo cuando amantes, ¡te lo juro!,
ambos seremos ramas del Amor.
© CLAUDIO MADAIRES. De su libro Donde los amantes no se atreven

http://sonetosdeamor1001.blogspot.com.ar/