No es la noctívaga coyunda
con el sedoso cuerpo de la alondra
ni es su canto elevado a la enésima potencia
los artilugios que fijan mis miradas.
Tras la nube de redondeces filosóficas
arden pasiones y piafan descomunales
los tórridos universos enfrentados
músicas agrias y colores sustanciados de miseria.
Es la noche de las falenas tristes
sostenida por el bajo continuo de las olas
se que una barca desembaraza su carga de náufragos silenciosos
bajo los acantilados que apenas hace unas horas conocieron el suicidio.
Brevedad del veneno que alucina
quisiera una rápida corriente bajo un puente
que demorase mis latidos postreros
mientras la ciudad exhala sus fétidos alientos.
Vuelvo al tabuco triste y sucio
en el que tanto amor derramé
quiero reconocerme en la paloma amiga
que tanto se alegraba en mis regresos.
Pero las nubes arracimadas en sus grises monotonías
evitan la llegada del silencio y ocultan las lunas cotidianas
No obstante nacen colores nuevos que alegran los cuerpos amantes
desdeñando amargos cárdenos y expandiendo jubilosos verdiazules.
Ven amada a compartir en mi lecho adornado con espinos majueleros
los ásperos placeres de la vida de los místicos
puede que encontremos juntos el arduo camino del regreso
y podamos disfrutar del desayuno en el café que tanto amamos.
Suenan ya como truenos en proyecto los bamboleos de los últimos borrachos
que regresan del abrazo inesperado en los oscuros pasadizos
en los eternos pasajes sin incienso
de esa ciudad que se empeña en ser eterna sin tener el valor de serlo.
Ilust.: “Underworld”
con el sedoso cuerpo de la alondra
ni es su canto elevado a la enésima potencia
los artilugios que fijan mis miradas.
Tras la nube de redondeces filosóficas
arden pasiones y piafan descomunales
los tórridos universos enfrentados
músicas agrias y colores sustanciados de miseria.
Es la noche de las falenas tristes
sostenida por el bajo continuo de las olas
se que una barca desembaraza su carga de náufragos silenciosos
bajo los acantilados que apenas hace unas horas conocieron el suicidio.
Brevedad del veneno que alucina
quisiera una rápida corriente bajo un puente
que demorase mis latidos postreros
mientras la ciudad exhala sus fétidos alientos.
Vuelvo al tabuco triste y sucio
en el que tanto amor derramé
quiero reconocerme en la paloma amiga
que tanto se alegraba en mis regresos.
Pero las nubes arracimadas en sus grises monotonías
evitan la llegada del silencio y ocultan las lunas cotidianas
No obstante nacen colores nuevos que alegran los cuerpos amantes
desdeñando amargos cárdenos y expandiendo jubilosos verdiazules.
Ven amada a compartir en mi lecho adornado con espinos majueleros
los ásperos placeres de la vida de los místicos
puede que encontremos juntos el arduo camino del regreso
y podamos disfrutar del desayuno en el café que tanto amamos.
Suenan ya como truenos en proyecto los bamboleos de los últimos borrachos
que regresan del abrazo inesperado en los oscuros pasadizos
en los eternos pasajes sin incienso
de esa ciudad que se empeña en ser eterna sin tener el valor de serlo.
Ilust.: “Underworld”