tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Versifico algunas imágenes acuatizadas en mi mente.
Metalizando obstrucciones emocionales.
Cruzo la puerta desde adentro.
Pueda tal vez despejar mis incomprensivas muertes.
Salgan los fantasmas…
Desde aquí, se puede ver la razón de tantas sombras.
Algunas pequeñas secuencias portátiles, me están siguiendo.
Me persiguen la pasión, y la malvada moralina.
Suerte que moriré…
Vuela el tierno incienso.
Arte de las mitológicas y complicadas oraciones, estigmatizan el viaje.
Pesan más que estas melodías gasificadas.
Es hora de pensar en miles de horribles situaciones.
Para estar preparado.
Y desarreglarlo todo.
Contemporizar las horas ordinarias.
Sometiendo al tiempo, a la nada mas sombría y real.
No basta con pensar en los fríos campos del descontrol.
No hace falta tu mirada plana.
Ni imaginarme detrás poniendo caras raras.
Es hora de alejar tu encuentro con las gentes, esas hermandades enfermizas.
Regresiones impuestas por mi mismo, hasta caer en los bajo muros, de escarcha y fango.
¿Barro tal vez?
Tus yeites armonizados destilan e iluminan el andar, pormenorizando ideas y acciones.
Paso del incienso, ocultando su retrotracción simultanea.
Cerca el mar y, las alturas.
Adentro, las arañas y las sombras.
Detrás, jaurías, terremotos y sus risas afiladas.
Huracanarán situaciones, de las que no podré escapar, ni una sola vez más.
Sin embargo, acá estoy.
En cuerpo y mente.
En delirio e ilusión.
Es necesario volver al pasado.
Tiempo, para regresar y molestar.
Ambicionando ver…
Mis momentos de temor, y de incomodidad.
Sin intensión de eliminarlos, es más, agradecer, su protección.
Su dilación y su efecto práctico innegable.
Metalizando obstrucciones emocionales.
Cruzo la puerta desde adentro.
Pueda tal vez despejar mis incomprensivas muertes.
Salgan los fantasmas…
Desde aquí, se puede ver la razón de tantas sombras.
Algunas pequeñas secuencias portátiles, me están siguiendo.
Me persiguen la pasión, y la malvada moralina.
Suerte que moriré…
Vuela el tierno incienso.
Arte de las mitológicas y complicadas oraciones, estigmatizan el viaje.
Pesan más que estas melodías gasificadas.
Es hora de pensar en miles de horribles situaciones.
Para estar preparado.
Y desarreglarlo todo.
Contemporizar las horas ordinarias.
Sometiendo al tiempo, a la nada mas sombría y real.
No basta con pensar en los fríos campos del descontrol.
No hace falta tu mirada plana.
Ni imaginarme detrás poniendo caras raras.
Es hora de alejar tu encuentro con las gentes, esas hermandades enfermizas.
Regresiones impuestas por mi mismo, hasta caer en los bajo muros, de escarcha y fango.
¿Barro tal vez?
Tus yeites armonizados destilan e iluminan el andar, pormenorizando ideas y acciones.
Paso del incienso, ocultando su retrotracción simultanea.
Cerca el mar y, las alturas.
Adentro, las arañas y las sombras.
Detrás, jaurías, terremotos y sus risas afiladas.
Huracanarán situaciones, de las que no podré escapar, ni una sola vez más.
Sin embargo, acá estoy.
En cuerpo y mente.
En delirio e ilusión.
Es necesario volver al pasado.
Tiempo, para regresar y molestar.
Ambicionando ver…
Mis momentos de temor, y de incomodidad.
Sin intensión de eliminarlos, es más, agradecer, su protección.
Su dilación y su efecto práctico innegable.