Dices mi nombre y somos eso que siempre fuimos,
la unión de los contrarios.
René Rodríguez Soriano
Volveremos a vernos,
lo sé...
no sé si hoy o mañana,
si en esta semana o quizá en algún otro mes,
pero en algún espacio sin agenda
sé que nos veremos...
Me lo han dicho los grillos
y el bonsái que aún sobrevive a mis descuidos.
Lo he leído esta mañana en la taza del café
y lo ha escrito una estrella que se soltó del cielo.
Un día, un día al fin abriremos los ojos
y veremos que todo sigue gris.
Hemos encorbatado las miradas y los sueños
y vestimos de sonrisa la agritud de los silencios.
Hemos flagelado manos, labios, cuerpos
queriendo ser hidalgos de un cambio que nunca perteneció a nuestros planes.
Sé que volveremos a vernos.
Llegarás amanecido de caricias ausentes
con una media isla perforándote el alma...
Llegaré envejecida de espacios
con un tango escrito en la piel...
no sé en que escenario, en que hora de la vida,
pero volveremos a vernos.
Y ya no estará vivo el bonsái
ni sonarán en mi cuarto los mismos grillos.
Quizá ya no beba café por las mañanas
ni soporte el frío de las noches de estrellas.
Pero allí estaremos,
seremos los que fuimos y estaban dormidos
y seremos verbo,
palabra,
poema
rompiendo mil silencios en un beso.
la unión de los contrarios.
René Rodríguez Soriano
Volveremos a vernos,
lo sé...
no sé si hoy o mañana,
si en esta semana o quizá en algún otro mes,
pero en algún espacio sin agenda
sé que nos veremos...
Me lo han dicho los grillos
y el bonsái que aún sobrevive a mis descuidos.
Lo he leído esta mañana en la taza del café
y lo ha escrito una estrella que se soltó del cielo.
Un día, un día al fin abriremos los ojos
y veremos que todo sigue gris.
Hemos encorbatado las miradas y los sueños
y vestimos de sonrisa la agritud de los silencios.
Hemos flagelado manos, labios, cuerpos
queriendo ser hidalgos de un cambio que nunca perteneció a nuestros planes.
Sé que volveremos a vernos.
Llegarás amanecido de caricias ausentes
con una media isla perforándote el alma...
Llegaré envejecida de espacios
con un tango escrito en la piel...
no sé en que escenario, en que hora de la vida,
pero volveremos a vernos.
Y ya no estará vivo el bonsái
ni sonarán en mi cuarto los mismos grillos.
Quizá ya no beba café por las mañanas
ni soporte el frío de las noches de estrellas.
Pero allí estaremos,
seremos los que fuimos y estaban dormidos
y seremos verbo,
palabra,
poema
rompiendo mil silencios en un beso.