Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nadie mira las llagas que llevo por besos
ni las cicatrices que cargo en la piel,
dime ¿a qué santo le rezo?
si ninguno conoce la miel.
Se acordó antes en la mañana el pasado
que el presente le dijo que no tenía futuro,
así a como vamos los dos somos sólo un barullo
que quiso sentirse canción.
Me avisas que te marchas y yo no sabía que seguías acá
contando estrellas, en pisos subterráneos
escaleras abajo en un mundo que yo no logro alcanzar,
con oídos sordos te digo hasta luego
y le robo un beso a tu boca que no tiene voluntad.
De Satanás son estos labios que queman
y que en un feriado cualquiera
al pie de un adiós se queman a voluntad...
Saludos a la hermana fortuna que no me sabe nombrar,
saludos a la luz de la preciosa luna
que se esconde cuando mira que empiezo a caminar.
Pensé que tenía sentido el amor y perdió hasta el sentido,
niégame un próximo gesto de calor
y en el cementerio entierra al olvido
que enfadado conmigo, de ti me relevó.
Me avisas que regresas y nunca noté que te fuiste,
en medio de la soledad descubrí
que para jugar al escondite
sólo me basto yo y una balada triste.
Desde este momento, guardo un minuto de silencio
por lo que amé y se murió.
ni las cicatrices que cargo en la piel,
dime ¿a qué santo le rezo?
si ninguno conoce la miel.
Se acordó antes en la mañana el pasado
que el presente le dijo que no tenía futuro,
así a como vamos los dos somos sólo un barullo
que quiso sentirse canción.
Me avisas que te marchas y yo no sabía que seguías acá
contando estrellas, en pisos subterráneos
escaleras abajo en un mundo que yo no logro alcanzar,
con oídos sordos te digo hasta luego
y le robo un beso a tu boca que no tiene voluntad.
De Satanás son estos labios que queman
y que en un feriado cualquiera
al pie de un adiós se queman a voluntad...
Saludos a la hermana fortuna que no me sabe nombrar,
saludos a la luz de la preciosa luna
que se esconde cuando mira que empiezo a caminar.
Pensé que tenía sentido el amor y perdió hasta el sentido,
niégame un próximo gesto de calor
y en el cementerio entierra al olvido
que enfadado conmigo, de ti me relevó.
Me avisas que regresas y nunca noté que te fuiste,
en medio de la soledad descubrí
que para jugar al escondite
sólo me basto yo y una balada triste.
Desde este momento, guardo un minuto de silencio
por lo que amé y se murió.