DEL PEDREGAL
Poeta fiel al portal
Versan por mi boca los olores del naufragio,
la esencia invariable de tu ausencia
que al borde de la esquina
es capaz de torcerme el alma seca,
de tragarme sobrio en madrugada,
de estrujar la sangre de mi sombra
con rigor sonámbulo.
Y soy ese que me huye
hasta agotarse del sin donde,
que regresa luego
de bailar sorbido sobre el fango,
trayendo la mirada del muerto
entre cadáveres raros.
Aquí estoy viéndote amainada en la niebla,
y pienso que tú, eres esa que
anuda lágrimas hasta formar nubes,
que anda como yo en el sin rumbo,
que apela musitando al sol.
¿Pero qué puedo saber de vos?
Si ya no te confirmo
ni te supongo, ni te sospecho;
si soy un instante, una muerte.
¿Qué sé de mí, siquiera?
¿Qué de nosotros,
de esas baladas austeras?
(La nostalgia
en la pensiente de este barco,
la nostalgia cantando solerías
en la pensiente de este barco).
Saldré a cubierta,
iré a bailar sobre el fango.
la esencia invariable de tu ausencia
que al borde de la esquina
es capaz de torcerme el alma seca,
de tragarme sobrio en madrugada,
de estrujar la sangre de mi sombra
con rigor sonámbulo.
Y soy ese que me huye
hasta agotarse del sin donde,
que regresa luego
de bailar sorbido sobre el fango,
trayendo la mirada del muerto
entre cadáveres raros.
Aquí estoy viéndote amainada en la niebla,
y pienso que tú, eres esa que
anuda lágrimas hasta formar nubes,
que anda como yo en el sin rumbo,
que apela musitando al sol.
¿Pero qué puedo saber de vos?
Si ya no te confirmo
ni te supongo, ni te sospecho;
si soy un instante, una muerte.
¿Qué sé de mí, siquiera?
¿Qué de nosotros,
de esas baladas austeras?
(La nostalgia
en la pensiente de este barco,
la nostalgia cantando solerías
en la pensiente de este barco).
Saldré a cubierta,
iré a bailar sobre el fango.