Loco
Poeta fiel al portal
Apoyado en la barra de madera, besando el cristal
de un vaso hirviente de olvido,
yo, Prometeo del hígado licuado
veo águilas del desamor devorando
lo poco que queda de mi sombra de borracho.
Pon otra copa Sam, dame el consuelo de ginebra
para poder dormir esta noche debajo de la luna
que siempre me fue mujer furtiva.
Se agolpan los días en un sueño sin sol
ahogados en sudores llenos de alcohol.
Amarillas mis pupilas, veo al fondo una rosa azul,
regando sus pétalos rojos en un ámbar licor
qué sabe a frenesí y alma de colchón.
Asiento mis gemelos, el reloj toca las diez,
y me acerco con mi guadaña temblorosa
a dar lengua de estropajo a ese ajustado satén.
Tanto o más, somos náufragos en la acera
ahogándonos enfermos en vino y rosas.
Sin importarnos la luz de la vida serena
Nos embarcamos en una lid de manos escondidas,
en un motel mugriento de las afueras.
Copas derramadas, besos con sabor a tabaco,
un vómito en el lavabo, risas sin sentido,
una nueva botella abierta y sexo sin cuidado,
suicidas de la agonía del desencanto ahora
soñamos en nubes de sabanas sudadas
llenas de arrugas de un alma desmembrada.
Un cigarro encendido es la luciérnaga de la mañana,
el desayuno de mi condena, ella sigue sin despertar
y mi costado es un directo de Rocky Marciano.
Otro trago más creo terminará el trabajo,
mi nuez una noche más todavía resiste.
Un gemido de tumba de segunda
oigo en los muelles rechinando,
la rosa no despierta y no sé su nombre.
Mejor no dejar propina, sería una grosería.
Cierro la puerta, me pongo el sombrero
mientras mis pasos destilados buscan volver
a no saber lo que es sentir un cielo iluminado.
Pon otra copa Sam, hoy todavía mi nublada cabeza
puede pagar la cuenta en el callejón de la tristeza.
de un vaso hirviente de olvido,
yo, Prometeo del hígado licuado
veo águilas del desamor devorando
lo poco que queda de mi sombra de borracho.
Pon otra copa Sam, dame el consuelo de ginebra
para poder dormir esta noche debajo de la luna
que siempre me fue mujer furtiva.
Se agolpan los días en un sueño sin sol
ahogados en sudores llenos de alcohol.
Amarillas mis pupilas, veo al fondo una rosa azul,
regando sus pétalos rojos en un ámbar licor
qué sabe a frenesí y alma de colchón.
Asiento mis gemelos, el reloj toca las diez,
y me acerco con mi guadaña temblorosa
a dar lengua de estropajo a ese ajustado satén.
Tanto o más, somos náufragos en la acera
ahogándonos enfermos en vino y rosas.
Sin importarnos la luz de la vida serena
Nos embarcamos en una lid de manos escondidas,
en un motel mugriento de las afueras.
Copas derramadas, besos con sabor a tabaco,
un vómito en el lavabo, risas sin sentido,
una nueva botella abierta y sexo sin cuidado,
suicidas de la agonía del desencanto ahora
soñamos en nubes de sabanas sudadas
llenas de arrugas de un alma desmembrada.
Un cigarro encendido es la luciérnaga de la mañana,
el desayuno de mi condena, ella sigue sin despertar
y mi costado es un directo de Rocky Marciano.
Otro trago más creo terminará el trabajo,
mi nuez una noche más todavía resiste.
Un gemido de tumba de segunda
oigo en los muelles rechinando,
la rosa no despierta y no sé su nombre.
Mejor no dejar propina, sería una grosería.
Cierro la puerta, me pongo el sombrero
mientras mis pasos destilados buscan volver
a no saber lo que es sentir un cielo iluminado.
Pon otra copa Sam, hoy todavía mi nublada cabeza
puede pagar la cuenta en el callejón de la tristeza.
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