tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dicha meseta emotiva, por extraño que parezca, desembarcó histriónicamente en la costa estructural moralista, justo en el sector izquierdo de mi hemisferio cerebral, exhibiendo estigmas colaterales, en las diversas categorías emocionalmente crónicas de mi mente.
Recuerdo aquella odiosa premonición, y mi cita inmóvil con el dolor, que intentaron volcarme a la realidad más agobiante.
Aunque jactanciosa mi mente, haya programado un cronograma impartiendo dolores y enfermedades a corto plazo, mecanizando una defensa tercerizada, a cargo de mi inconsciente.
Pero a la hora de corregir el estado de mis complejidades abrumantes, perdió el control, e intentó censurar una crisis convulsiva sin éxito.
La compasión desmerece cada uno de mis intentos de escapar, y con un escalpelo imaginario, intento abrirme paso, cortando camino por el sector de los recuerdos.
Es necesario vivificar la plaza en la que se encuentra instalado, este versátil virus psicológico. Que infecta cada proyecto con perspectiva, provocando incertidumbres, dudas y fluctuaciones.
Induciendo intermitentes descargas eléctricas, a mi oscuro cerebro, con ligeros y esquizoides apagones de energía, que potenciaría un todo en números imaginarios, supervisando cada plano perverso y sardónico.
Quisiera que esto sea nada mas que una pesadilla, pero si lo es, no puedo despertar, no entiendo exactamente mi situación.
Tal vez buscar etiológicamente el origen de mi mal, de la mano de una patogénesis causal, involucrando sitios psicosomáticos, o en el mejor de los casos, figurando deificados retratos de mi báratro fantástico.
Recuerdo aquella odiosa premonición, y mi cita inmóvil con el dolor, que intentaron volcarme a la realidad más agobiante.
Aunque jactanciosa mi mente, haya programado un cronograma impartiendo dolores y enfermedades a corto plazo, mecanizando una defensa tercerizada, a cargo de mi inconsciente.
Pero a la hora de corregir el estado de mis complejidades abrumantes, perdió el control, e intentó censurar una crisis convulsiva sin éxito.
La compasión desmerece cada uno de mis intentos de escapar, y con un escalpelo imaginario, intento abrirme paso, cortando camino por el sector de los recuerdos.
Es necesario vivificar la plaza en la que se encuentra instalado, este versátil virus psicológico. Que infecta cada proyecto con perspectiva, provocando incertidumbres, dudas y fluctuaciones.
Induciendo intermitentes descargas eléctricas, a mi oscuro cerebro, con ligeros y esquizoides apagones de energía, que potenciaría un todo en números imaginarios, supervisando cada plano perverso y sardónico.
Quisiera que esto sea nada mas que una pesadilla, pero si lo es, no puedo despertar, no entiendo exactamente mi situación.
Tal vez buscar etiológicamente el origen de mi mal, de la mano de una patogénesis causal, involucrando sitios psicosomáticos, o en el mejor de los casos, figurando deificados retratos de mi báratro fantástico.