Halloran
Poeta asiduo al portal
BARFAISÁN
Barfaisán el Garci-Nuño
supo ya cuando fue niño
que sería en su terruño
guardián fiel del fiel escriño
del que guardada en gurruño,
y olvidada por pestiño,
la Justicia sin rasguño
ni componendas ni aliño
sacaría con su puño,
mimaría con cariño,
y vestiría de armiño.
Barfaisán el Garci-Zote
sabía que, ya de adulto,
atizará un papirote
propio de jurisconsulto
que a los malos acogote
llevándoles el indulto
que la Historia, dando un bote
-que él califica de estulto-
concedió como estrambote,
condenando a lo oculto
barbaridades de bulto.
Barfaisán el Garci-Penas
decidió que, a los buenos,
negociaciones obscenas
habían hecho de menos.
Refulgirán cual patenas
los osarios terraplenos
cuando miserias ajenas
revivamos de reestrenos:
vamos a llenar las trenas
de muertos ya calvatruenos
dados a los desenfrenos.
Barfaisán el Garci-Cosa
no se fija en los vivos:
así, mira más la fosa
que a peligrosos cautivos
a los que él no endosa
(sabe Dios por qué motivos)
sentencia pundonorosa
que quede en los archivos.
¡Qué va! Él riega otra rosa:
ofrecer sus donativos
a medios teleobjetivos.
Barfaisán el Garci-Bofe
sentadito en su despacho
decide hacernos de profe
sin vergüenza y sin empacho.
Y así, agarra el cotrofe,
lo apura como buen macho
y, perdone que me mofe,
se pone a hablar del gabacho.
¿Y no habrá quien le apostrofe,
no hallará un amigacho
que enmiende al buen chacho?
Barfaisán el Garci-Remo
removiendo está la historia
casi con gesto blasfemo,
por lo de la (des)memoria.
Como no fue al Supremo
ni ministró su oratoria
fabrica, porque no es memo,
una histeria aclaratoria.
¿Ve usted aquel crisantemo?
Habrá canción laudatoria
si no alcanzó la victoria
Barfaisán el Garci-Vate
fabrica de nuevo un mundo
que el ve loco de remate
por intentar ser fecundo.
Por eso sale al rescate
de todo lo tremebundo:
poético disparate
creciendo cada segundo.
Tate, Barfaisancín: tate.
que si en la historia abundo
casi me vuelvo iracundo.
Barfaisán el Garci-Olvidos
piensa: lesa humanidad
son los actos cometidos
sólo por una mitad.
¿Los otros? ¿No hay apellidos
que ahora son ya nihilidad
por sucesos sucedidos
donde la legalidad?
¿No sonaron alaridos
con la falta de piedad
de los de la libertad?
Barfaisán el Garci-Gapo
decide que en sus cajones
se pudran como un harapo
más de dos reclamaciones
porque el estima, chulapo,
que más que conciliaciones,
interesa el sopapo
y el tocarnos los cojones.
¿Cómo no será de guapo,
el que huye de perdones,
que niega investigaciones?
Barfaisán el Garci-Rollo
que hubo sabe y de sobra-
desde Ferraz un caloyo
que a Irún, manos a la obra,
llamó, montando un buen bollo,
poco antes de la maniobra
que iba a atacar al meollo
y a provocar la zozobra
de ETA. ¿Se acabó el chollo
de quien para matar cobra,
si desde Ferraz se encobra?
Barfaisán el Garci-Teja
no encuentra tiempo ni ganas
de resolver la añeja
polémica peina canas.
Por más que se haga vieja
la cuestión y que, ufanas,
se asomen a la reja
los culpables cual fulanas
queda del pueblo la queja:
las razones casquivanas
que nos das, son muy villanas.
Barfaisán el Garci-Cacas
prefiere ver el pasado
pues sus gafas son opacas
y en ellas se ha escudado.
Del presente, alharacas;
ya a los muertos ha encausado
no sea que en paradisiacas
tierras gocen lo ganado.
Razones afrodisiacas:
el cerebro no regado,
sucumbe ante el extraviado.
Barfaisán el Garci-Bón
no sabe que murió Franco
hace un rato del copón.
Como un jovial potranco
pide certificación:
poner negro sobre blanco
que sí hubo defunción,
que el fascismo ya ha trabanco:
no sea que la tentación
se siente digna en el banco,
de la libertad atanco.
Barfaisán el Garci-Anfibio
al españolito medio
le va dejando algo tibio
con su histórico asedio.
No hay forma de hallar alivio
en este raro intermedio:
menos mal que al convivio
celebrado en el cavedio
no llega raudo el declivio.
Aunque cante el epicedio
el muerto no halla remedio.
Barfaisán el Garci-Cacho
sigue estando en la brecha.
¡Viva por el gran muchacho
de conciencia contrahecha!
De la libertad penacho,
del bien y verdad, cosecha,
de la justicia gazpacho
y de la historia endecha.
De lo alto del picacho
que escaló hasta la fecha
subiendo la senda estrecha
la transición española,
grita el infanzón juezuno:
yo proceso a más de uno
a la luz de la farola
de los progretes de turno.
¿Memoria histórica? Vale.
¿Memoria histérica? Venga.
¿Memoria histriónica? Bueno.
¿Perseguir al aberzale?
No, hombre... no me entretenga,
que persigo yo al obsceno
régimen periclitado
que perdió una guerra antigua
vista la verdad ambigua
que más de uno ha contado.
Barfaisán el Garci-Lodo,
¡qué guay, qué sabelotodo!
Barfaisán el Garci-Nuño
supo ya cuando fue niño
que sería en su terruño
guardián fiel del fiel escriño
del que guardada en gurruño,
y olvidada por pestiño,
la Justicia sin rasguño
ni componendas ni aliño
sacaría con su puño,
mimaría con cariño,
y vestiría de armiño.
Barfaisán el Garci-Zote
sabía que, ya de adulto,
atizará un papirote
propio de jurisconsulto
que a los malos acogote
llevándoles el indulto
que la Historia, dando un bote
-que él califica de estulto-
concedió como estrambote,
condenando a lo oculto
barbaridades de bulto.
Barfaisán el Garci-Penas
decidió que, a los buenos,
negociaciones obscenas
habían hecho de menos.
Refulgirán cual patenas
los osarios terraplenos
cuando miserias ajenas
revivamos de reestrenos:
vamos a llenar las trenas
de muertos ya calvatruenos
dados a los desenfrenos.
Barfaisán el Garci-Cosa
no se fija en los vivos:
así, mira más la fosa
que a peligrosos cautivos
a los que él no endosa
(sabe Dios por qué motivos)
sentencia pundonorosa
que quede en los archivos.
¡Qué va! Él riega otra rosa:
ofrecer sus donativos
a medios teleobjetivos.
Barfaisán el Garci-Bofe
sentadito en su despacho
decide hacernos de profe
sin vergüenza y sin empacho.
Y así, agarra el cotrofe,
lo apura como buen macho
y, perdone que me mofe,
se pone a hablar del gabacho.
¿Y no habrá quien le apostrofe,
no hallará un amigacho
que enmiende al buen chacho?
Barfaisán el Garci-Remo
removiendo está la historia
casi con gesto blasfemo,
por lo de la (des)memoria.
Como no fue al Supremo
ni ministró su oratoria
fabrica, porque no es memo,
una histeria aclaratoria.
¿Ve usted aquel crisantemo?
Habrá canción laudatoria
si no alcanzó la victoria
Barfaisán el Garci-Vate
fabrica de nuevo un mundo
que el ve loco de remate
por intentar ser fecundo.
Por eso sale al rescate
de todo lo tremebundo:
poético disparate
creciendo cada segundo.
Tate, Barfaisancín: tate.
que si en la historia abundo
casi me vuelvo iracundo.
Barfaisán el Garci-Olvidos
piensa: lesa humanidad
son los actos cometidos
sólo por una mitad.
¿Los otros? ¿No hay apellidos
que ahora son ya nihilidad
por sucesos sucedidos
donde la legalidad?
¿No sonaron alaridos
con la falta de piedad
de los de la libertad?
Barfaisán el Garci-Gapo
decide que en sus cajones
se pudran como un harapo
más de dos reclamaciones
porque el estima, chulapo,
que más que conciliaciones,
interesa el sopapo
y el tocarnos los cojones.
¿Cómo no será de guapo,
el que huye de perdones,
que niega investigaciones?
Barfaisán el Garci-Rollo
que hubo sabe y de sobra-
desde Ferraz un caloyo
que a Irún, manos a la obra,
llamó, montando un buen bollo,
poco antes de la maniobra
que iba a atacar al meollo
y a provocar la zozobra
de ETA. ¿Se acabó el chollo
de quien para matar cobra,
si desde Ferraz se encobra?
Barfaisán el Garci-Teja
no encuentra tiempo ni ganas
de resolver la añeja
polémica peina canas.
Por más que se haga vieja
la cuestión y que, ufanas,
se asomen a la reja
los culpables cual fulanas
queda del pueblo la queja:
las razones casquivanas
que nos das, son muy villanas.
Barfaisán el Garci-Cacas
prefiere ver el pasado
pues sus gafas son opacas
y en ellas se ha escudado.
Del presente, alharacas;
ya a los muertos ha encausado
no sea que en paradisiacas
tierras gocen lo ganado.
Razones afrodisiacas:
el cerebro no regado,
sucumbe ante el extraviado.
Barfaisán el Garci-Bón
no sabe que murió Franco
hace un rato del copón.
Como un jovial potranco
pide certificación:
poner negro sobre blanco
que sí hubo defunción,
que el fascismo ya ha trabanco:
no sea que la tentación
se siente digna en el banco,
de la libertad atanco.
Barfaisán el Garci-Anfibio
al españolito medio
le va dejando algo tibio
con su histórico asedio.
No hay forma de hallar alivio
en este raro intermedio:
menos mal que al convivio
celebrado en el cavedio
no llega raudo el declivio.
Aunque cante el epicedio
el muerto no halla remedio.
Barfaisán el Garci-Cacho
sigue estando en la brecha.
¡Viva por el gran muchacho
de conciencia contrahecha!
De la libertad penacho,
del bien y verdad, cosecha,
de la justicia gazpacho
y de la historia endecha.
De lo alto del picacho
que escaló hasta la fecha
subiendo la senda estrecha
la transición española,
grita el infanzón juezuno:
yo proceso a más de uno
a la luz de la farola
de los progretes de turno.
¿Memoria histórica? Vale.
¿Memoria histérica? Venga.
¿Memoria histriónica? Bueno.
¿Perseguir al aberzale?
No, hombre... no me entretenga,
que persigo yo al obsceno
régimen periclitado
que perdió una guerra antigua
vista la verdad ambigua
que más de uno ha contado.
Barfaisán el Garci-Lodo,
¡qué guay, qué sabelotodo!