BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Este barro que caliento en las entrañas
con tanta efusión de características lineales
con tanta fundación urbana destruida
con tanta vocación materna frustrada,
oh, cuánta sangre irradiada desde el centro oscuro
hasta los miembros paralizados por la fe o la luz!
Siglos derruidos en pos de la fabricación de un animal,
que contesta superposiciones de luminosidades flemáticas.
Oh corazón, corazón, destruye estas redes sintomáticas
que exigen el desmembramiento de tanto esquife desorientado.
Las arañas que pueblan las leyes con su exigencia de trasto
anticuado, los bíblicos exámenes repetidos hasta la saciedad,
el universo extraño y divergente en que publico y proclamo
mi libertaria fórmula de beber y saciar mis copas de plomo.
Todo, todo esto, funciona a través de una lámina incierta
que fulmina el millar de seres congregados en la pátina del tiempo.
Tres gemidos virulentos, una explosión de gallos peleando en la
madrugada, un sagrado vínculo que estalla en la peligrosa senda,
una oscuridad estéril que reclama su preeminencia de trono exiguo
y desmerecido. Oh, baña ya, mis labios con la raíz estrujada de la lluvia!
Esta erosión impertinente, esta convocación instantánea de sangres
repelidas en un sótano revuelto, esta permanencia de los metales
fuera del crisol enfermizo, oh, nomenclatura copulada con copos
de avena. Y yo voy derrotando
la estricta calentura de mis labios, los sueños envidiosos,
las maniáticas observaciones de centellas fosforescentes,
lo que, intangible, efectúa su disposición de estrella fugaz.
©
con tanta efusión de características lineales
con tanta fundación urbana destruida
con tanta vocación materna frustrada,
oh, cuánta sangre irradiada desde el centro oscuro
hasta los miembros paralizados por la fe o la luz!
Siglos derruidos en pos de la fabricación de un animal,
que contesta superposiciones de luminosidades flemáticas.
Oh corazón, corazón, destruye estas redes sintomáticas
que exigen el desmembramiento de tanto esquife desorientado.
Las arañas que pueblan las leyes con su exigencia de trasto
anticuado, los bíblicos exámenes repetidos hasta la saciedad,
el universo extraño y divergente en que publico y proclamo
mi libertaria fórmula de beber y saciar mis copas de plomo.
Todo, todo esto, funciona a través de una lámina incierta
que fulmina el millar de seres congregados en la pátina del tiempo.
Tres gemidos virulentos, una explosión de gallos peleando en la
madrugada, un sagrado vínculo que estalla en la peligrosa senda,
una oscuridad estéril que reclama su preeminencia de trono exiguo
y desmerecido. Oh, baña ya, mis labios con la raíz estrujada de la lluvia!
Esta erosión impertinente, esta convocación instantánea de sangres
repelidas en un sótano revuelto, esta permanencia de los metales
fuera del crisol enfermizo, oh, nomenclatura copulada con copos
de avena. Y yo voy derrotando
la estricta calentura de mis labios, los sueños envidiosos,
las maniáticas observaciones de centellas fosforescentes,
lo que, intangible, efectúa su disposición de estrella fugaz.
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