Cruzó el pájaro volando
la autopista,
lo hizo sin miedo
a los ruidos de los motores,
a las penas
y tristezas no contenidas
de quienes lo miran,
por ser blanco,
blanco de ternura,
de suaves plumas,
de pico con escarcha,
en mitad de tanta basura.
Siguió su vuelo el pájaro
y se perdió de vista,
el pájaro que no pía,
de hierro su corazón,
de alambre sus garras finas.
Al otro lado de donde uno mira
hay montones de escombros,
vivas presencias
de unas ya muertas vidas,
existencias arrojadas a unos vertederos
donde las palas liquidan,
las vivencias propias
que el barro ha trillado con su saliva.
El pájaro que vuela
y los coches embarrados que se apiñan,
con sus faros apagados,
con sus ruedas que no giran,
árboles de navidad
son en esas montoneras,
piñatas de colores diferentes,
con sus cristales convertidos
en cuadros abstractos en los que se vislumbran,
corrientes diferentes
de ríos de llanura,
dibujos y planos de cortadas existencias
que no se divisan.
Amores que se cegaron
sin saber que el cieno
era un beso de despedida
y el pájaro que vuela,
que pía en su despedida,
que va a la búsqueda
de su nido allí
donde las miradas rebuscan
un sentido a ese algo
que muchas veces se olvida.
la autopista,
lo hizo sin miedo
a los ruidos de los motores,
a las penas
y tristezas no contenidas
de quienes lo miran,
por ser blanco,
blanco de ternura,
de suaves plumas,
de pico con escarcha,
en mitad de tanta basura.
Siguió su vuelo el pájaro
y se perdió de vista,
el pájaro que no pía,
de hierro su corazón,
de alambre sus garras finas.
Al otro lado de donde uno mira
hay montones de escombros,
vivas presencias
de unas ya muertas vidas,
existencias arrojadas a unos vertederos
donde las palas liquidan,
las vivencias propias
que el barro ha trillado con su saliva.
El pájaro que vuela
y los coches embarrados que se apiñan,
con sus faros apagados,
con sus ruedas que no giran,
árboles de navidad
son en esas montoneras,
piñatas de colores diferentes,
con sus cristales convertidos
en cuadros abstractos en los que se vislumbran,
corrientes diferentes
de ríos de llanura,
dibujos y planos de cortadas existencias
que no se divisan.
Amores que se cegaron
sin saber que el cieno
era un beso de despedida
y el pájaro que vuela,
que pía en su despedida,
que va a la búsqueda
de su nido allí
donde las miradas rebuscan
un sentido a ese algo
que muchas veces se olvida.