F. Marcos
F. Marcos
Hundo mis manos
en la húmeda arcilla,
y el contacto "del barro santo"
con las yemas de mis dedos,
hace que entorne mis ojos
y mi mente vuele libremente,
-cual majestuosa ave migratoria-
en pos de cálidos y bellos parajes.
Y de forma incosciente
mis manos toman vida propia,
moldeando tu figura en el tíbio barro
con la misma facilidad y ternura,
que el buen artesano ceramista
da vida y forma
a su frágiles criaturas.
Y sustituyo el rústico horno de adobe
por el calor de mi pecho enamorado.
Y cual brisa marina, de primavera
soplo tu rostro hermoso
esperando tu despertar,
como ese chiquillo ansioso,
que observa tras el cristal,
su más ansiado tesoro.
Y, tras despertar
la comisura de tus labios
yo, he de besar.
Al abismo de tus ojos
me he de asomar.
La tersura de tu piel
he de sentir.
Y olvidándome del mundo
¡Loco de amor!
me perdere junto a ti.
en la húmeda arcilla,
y el contacto "del barro santo"
con las yemas de mis dedos,
hace que entorne mis ojos
y mi mente vuele libremente,
-cual majestuosa ave migratoria-
en pos de cálidos y bellos parajes.
Y de forma incosciente
mis manos toman vida propia,
moldeando tu figura en el tíbio barro
con la misma facilidad y ternura,
que el buen artesano ceramista
da vida y forma
a su frágiles criaturas.
Y sustituyo el rústico horno de adobe
por el calor de mi pecho enamorado.
Y cual brisa marina, de primavera
soplo tu rostro hermoso
esperando tu despertar,
como ese chiquillo ansioso,
que observa tras el cristal,
su más ansiado tesoro.
Y, tras despertar
la comisura de tus labios
yo, he de besar.
Al abismo de tus ojos
me he de asomar.
La tersura de tu piel
he de sentir.
Y olvidándome del mundo
¡Loco de amor!
me perdere junto a ti.
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