Nommo
Poeta veterano en el portal
Allí estaba ella, tumbándome, nuevamente.
Con su majestuosa técnica oriental, de Servicio al prójimo.
Una llave de Judo, serenamente.
No podía esquivar sus golpes de Amor-Bondad, o latidos de su pecho, hacia su cabeza.
Iluminándose estaba la espalda, arqueada como las cejas.
Sus músculos en tensión, me poseían y hacían viril, mi miembro.
Penetrándola, desencadenamos las Memorias de África, entre Meryl Streep y Roberd Redford.
Volando estábamos en aeroplano, por las sabanas y grandes lagos ecuatoriales,
de una extensa rivera, al Sur del desierto.
Me ha contado cuentos, durante mil y una noches.
La excita mi sola presencia.
Se pone de los nervios, furiosa... Para defender el territorio.
Su despacho es impenetrable y ella, indómita, como una fiera.
Pero la música amansa a las fieras. Así que le meto la flauta, con un agujero solo.
A todos daba la lata, la flauta de Bartolo.
Con su majestuosa técnica oriental, de Servicio al prójimo.
Una llave de Judo, serenamente.
No podía esquivar sus golpes de Amor-Bondad, o latidos de su pecho, hacia su cabeza.
Iluminándose estaba la espalda, arqueada como las cejas.
Sus músculos en tensión, me poseían y hacían viril, mi miembro.
Penetrándola, desencadenamos las Memorias de África, entre Meryl Streep y Roberd Redford.
Volando estábamos en aeroplano, por las sabanas y grandes lagos ecuatoriales,
de una extensa rivera, al Sur del desierto.
Me ha contado cuentos, durante mil y una noches.
La excita mi sola presencia.
Se pone de los nervios, furiosa... Para defender el territorio.
Su despacho es impenetrable y ella, indómita, como una fiera.
Pero la música amansa a las fieras. Así que le meto la flauta, con un agujero solo.
A todos daba la lata, la flauta de Bartolo.
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