Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te mojas con mi prosa,
aunque nunca me hayas tocado.
La tinta que derramo
es un río que desborda tu piel,
se escurre entre tus muslos
y hace latir el silencio de tu vientre.
Cada palabra es un roce,
cada metáfora una caricia húmeda.
Tus pechos responden
como si mis versos fueran lenguas,
como si mi aliento se escondiera
entre las sílabas abiertas
para morder suavemente tu deseo.
No necesitas mis manos,
basta con leerme,
con dejar que la voz de estas letras
te penetre como un amante invisible.
Y cuando gimas en secreto,
sabrás que fue mi poesía —
mi prosa incendiada—
la que abrió tu cuerpo
como una flor rendida al sol de la madrugada.
aunque nunca me hayas tocado.
La tinta que derramo
es un río que desborda tu piel,
se escurre entre tus muslos
y hace latir el silencio de tu vientre.
Cada palabra es un roce,
cada metáfora una caricia húmeda.
Tus pechos responden
como si mis versos fueran lenguas,
como si mi aliento se escondiera
entre las sílabas abiertas
para morder suavemente tu deseo.
No necesitas mis manos,
basta con leerme,
con dejar que la voz de estas letras
te penetre como un amante invisible.
Y cuando gimas en secreto,
sabrás que fue mi poesía —
mi prosa incendiada—
la que abrió tu cuerpo
como una flor rendida al sol de la madrugada.