Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Hoy.
Una mujer que no conozco en persona
debe estar sufriendo una gran pena.
Su hija fue secuestrada por unos mal nacidos
y es muy probable que hoy le confirmen que está muerta.
Asesinada.
Sin otro motivo, que la ambición mundana
Unas cuantas monedas
a cambio de dos luceros que no volverán a brillar entre nosotros
porque la miseria humana
los ha apagado
sin más derecho
que la vulnerabilidad
que rodea a todo inocente.
La oí rezar
La oí suplicar
La vi confiar
Nadie escuchó sus plegarias
sus súplicas fueron llantos derramados al vacío
y su confianza está en el mismo sitio que la mía.
Hoy.
Mientras llegan las fiestas decembrinas
y un nuevo ciclo nos señala el camino incierto de nuestras vidas
Yo, que no tengo a dónde dirigir mis solidarios pensamientos
dejo que mi corazón se derrame
donde lo miren más ojos
para que no se ahogue en la soledad de mis resentimientos.
¡Atados de las manos!
¡Enmudecidos!
Impotentes al acecho de la ambición más mezquina
y la indiferencia de las incapacidades acomodaticias
le decimos al hombre que nos puede leer
que nos puede escuchar
que se unan sobre el orbe para decir :
¡Basta!
¡Basta!
¡Basta!
Al menos...
para que no nos volvamos una tumba de silencios más oscuros que el silencio eterno.
¡Basta!.
Una mujer que no conozco en persona
debe estar sufriendo una gran pena.
Su hija fue secuestrada por unos mal nacidos
y es muy probable que hoy le confirmen que está muerta.
Asesinada.
Sin otro motivo, que la ambición mundana
Unas cuantas monedas
a cambio de dos luceros que no volverán a brillar entre nosotros
porque la miseria humana
los ha apagado
sin más derecho
que la vulnerabilidad
que rodea a todo inocente.
La oí rezar
La oí suplicar
La vi confiar
Nadie escuchó sus plegarias
sus súplicas fueron llantos derramados al vacío
y su confianza está en el mismo sitio que la mía.
Hoy.
Mientras llegan las fiestas decembrinas
y un nuevo ciclo nos señala el camino incierto de nuestras vidas
Yo, que no tengo a dónde dirigir mis solidarios pensamientos
dejo que mi corazón se derrame
donde lo miren más ojos
para que no se ahogue en la soledad de mis resentimientos.
¡Atados de las manos!
¡Enmudecidos!
Impotentes al acecho de la ambición más mezquina
y la indiferencia de las incapacidades acomodaticias
le decimos al hombre que nos puede leer
que nos puede escuchar
que se unan sobre el orbe para decir :
¡Basta!
¡Basta!
¡Basta!
Al menos...
para que no nos volvamos una tumba de silencios más oscuros que el silencio eterno.
¡Basta!.
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