Por experiencia personal en Nicaragua, dónde, miles de jovencitos (as) casi niños, participaron en la lucha armada que le dio fin a la dictadura de la familia Somoza. En aquel entonces, cuando empezó todo yo contaba con 19 años, y me sentí viejo ante la marea de estos chavalitos y chavalitas, (de 14, 16 años) que sin conocer el miedo, se enfrentaron a situaciones, que a mí, me pusieron a temblar más de una vez, y ellos lo hacían sin tener conciencia de su miedo, como si se tratara de un juego. Efecto de esa actitud temeraria, muchos de ellos, (ellas) murieron y quedaron en tumbas anónimas regados por todo el país y otros (as) marcados con las cicatrices mentales de la guerra.
Sé, que también hay, aquellos, reclutados a la fuerza, y quizás tu poema, se refiere a ellos, es una situación triste que aun se da en muchos países del mundo, pero también existe la manipulación política que se dio en la primaria y la secundaria en mi país. Ahora, que soy padre, no me puedo imaginar el dolor de ver a un hijo en situaciones de peligro, y no imagino el dolor que le cause a mi madre cuando tuve que darle la noticia que tenía que irme…
Abrazos
Chepeleón