Pedro Darquea
Poeta asiduo al portal
Me acompañaba una vez más el maestro cilíndrico de las noches vagas,
a mi izquierda, titilaban las velas de la vida y de la muerte,
a mi derecha, una máquina sin ruedas jugando a la ruleta rusa, probaba suerte,
mi vista se enfocaba con zoom, sobre un destello en la montaña a largas distancias.
Mientras brotaba el humo delicioso, venenoso, desde las fauces,
surgía un desesperado miedo a lo ingenuo, a lo vencible,
se cerraron todas las ventanas, me refugié, dejando que agonizaran las frases,
empezó la batalla pasiva, y ante lo “vencible” mismo, el resultado se volvió impredecible.
Se apagó, sin aviso, cualquier esperanza,
resaltando el relativismo de las fuerzas,
tomando lugar abstractamente la “matanza”,
la última oportunidad, brillaba con desdén, en forma pobre de promesas.
He fallado ya varias veces, pero sí, lo volví a prometer,
sabiendo bien, que el riesgo sigue, porque el placer vacío es necio,
lo único que le pido a lo concupiscible, es que no me obligue nuevamente a ceder,
pues la próxima, el castigo, seguramente, tendrá un más elevado precio.
Cuenca, 2011.
Copyright. Todos los derechos reservados.
a mi izquierda, titilaban las velas de la vida y de la muerte,
a mi derecha, una máquina sin ruedas jugando a la ruleta rusa, probaba suerte,
mi vista se enfocaba con zoom, sobre un destello en la montaña a largas distancias.
Mientras brotaba el humo delicioso, venenoso, desde las fauces,
surgía un desesperado miedo a lo ingenuo, a lo vencible,
se cerraron todas las ventanas, me refugié, dejando que agonizaran las frases,
empezó la batalla pasiva, y ante lo “vencible” mismo, el resultado se volvió impredecible.
Se apagó, sin aviso, cualquier esperanza,
resaltando el relativismo de las fuerzas,
tomando lugar abstractamente la “matanza”,
la última oportunidad, brillaba con desdén, en forma pobre de promesas.
He fallado ya varias veces, pero sí, lo volví a prometer,
sabiendo bien, que el riesgo sigue, porque el placer vacío es necio,
lo único que le pido a lo concupiscible, es que no me obligue nuevamente a ceder,
pues la próxima, el castigo, seguramente, tendrá un más elevado precio.
Cuenca, 2011.
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