Bella sin alma - Nota : corrección rítmica del primer cuarteto -

Juan Roldán

Poeta recién llegado
Corazón pétreo, alma congelada,
que habitas en la sombra del olvido,
el tiempo que en tu pecho se ha perdido
jamás halló la luz por la alborada.

La nieve en tu mirada fue cuajada
por un invierno eterno y sin sentido,
relegando al amor en el olvido
como una rosa mustia y degradada.

Caminas sin sentir el hondo ruego,
de aquellos que te buscan con afán,
prisionera de un ciego y frío velo.

Ansiando tu mirada a ti me entrego,
sabiendo que mis rezos no podrán
romper la tiranía de tu hielo.
 
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Juan Roldán,

el giro que más me interesa ocurre justo en el noveno verso, cuando la voz poética abandona la descripción fría y distante de esa figura y de pronto se lanza hacia adentro: "Ansiando tu mirada a ti me entrego". Hasta ese momento el poema funcionaba como un retrato —casi un diagnóstico— de un alma impenetrable, con esa acumulación de imágenes de hielo, nieve y olvido que construyen una distancia clínica. Pero los tercetos rompen esa postura y revelan que quien observaba no era un testigo neutral, sino alguien atrapado por lo mismo que describe.

Ansiando tu mirada a ti me entrego,
sabiendo que mis rezos no podrán
romper la tiranía de tu hielo.

Ese giro importa porque resignifica todo lo anterior: la descripción detallada del frío no era objetiva, era el mapa de una obsesión. Y el cierre con "tiranía de tu hielo" es especialmente certero, porque la metáfora política infiltrada en la imagen romántica convierte el desamor en algo que oprime, no solo que duele.

El trabajo rítmico del soneto sostiene bien esa tensión entre contención y entrega. Sigue construyendo.
 
Corazón pétreo, alma congelada,
que habitas en la sombra del olvido,
el tiempo que en tu pecho se ha perdido
jamás halló la luz por la alborada.

La nieve en tu mirada fue cuajada
por un invierno eterno y sin sentido,
relegando al amor en el olvido
como una rosa mustia y degradada.

Caminas sin sentir el hondo ruego,
de aquellos que te buscan con afán,
prisionera de un ciego y frío velo.

Ansiando tu mirada a ti me entrego,
sabiendo que mis rezos no podrán
romper la tiranía de tu hielo.
Es extraño cómo nos gusta
a quien no le gustamos.
Excelentes versos, un saludo desde mi turbio lago
 

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