Que me parezco a mi padre, que heredé mucho de él,
Pero no así son mis ojos y ni el color de mi piel;
Porque eso es de mi madre, trigueña como el azúcar,
Y de mirada profunda, pero dotada de miel.
Eso si, mi padre fue un hombre recio,
Con un carácter profundo, y principios sin torcer;
Que nunca pisó una iglesia, después de matrimoniarse;
Pero no había en el barrio, un creyente, más aferrado que él.
Que bárbaro era aquel viejo, que produjo treinta hijos,
¿Que tendría el sinvergüenza, para atraer las mujeres?
Si era muy serio y callado, de esos de pocas palabras,
Pero para mi tenia, las garras de Lucifer.
Con mi madre fue a la iglesia, la única con quien casó,
Y del amor que vivió, su único hijo soy yo;
Quizás sus ojos azules y su porte de varón,
Hizo que se enamoraran, las mujeres que preñó.
No me crié con él pero mucho lo recuerdo,
Malo o bueno fue mi padre, bellaco y mujeriego;
Si al morir cargó pecados, por amar al tutiplén,
Yo espero que Dios lo entienda, sin preguntarle el ¿por qué?
Pero no así son mis ojos y ni el color de mi piel;
Porque eso es de mi madre, trigueña como el azúcar,
Y de mirada profunda, pero dotada de miel.
Eso si, mi padre fue un hombre recio,
Con un carácter profundo, y principios sin torcer;
Que nunca pisó una iglesia, después de matrimoniarse;
Pero no había en el barrio, un creyente, más aferrado que él.
Que bárbaro era aquel viejo, que produjo treinta hijos,
¿Que tendría el sinvergüenza, para atraer las mujeres?
Si era muy serio y callado, de esos de pocas palabras,
Pero para mi tenia, las garras de Lucifer.
Con mi madre fue a la iglesia, la única con quien casó,
Y del amor que vivió, su único hijo soy yo;
Quizás sus ojos azules y su porte de varón,
Hizo que se enamoraran, las mujeres que preñó.
No me crié con él pero mucho lo recuerdo,
Malo o bueno fue mi padre, bellaco y mujeriego;
Si al morir cargó pecados, por amar al tutiplén,
Yo espero que Dios lo entienda, sin preguntarle el ¿por qué?