Rubén Sola
Poeta recién llegado
[center:2130161c4e]Cuerpo de granado con sus dulces frutos,
piel morena, suave seda,
movimiento embriagador,
tu andar como el nado de sirena.
Dos alondras contornean tu cuerpo,
dibujan la aurora
partiendo los ocasos,
y con luz se graba tu figura.
Fuente de agua pura,
frente dorada de memorias inquietas.
Manos de inusitada belleza y delicadeza,
que como a las lilas el rocío acaricia,
acaricias tú mi alma
que de alegría se encoge,
para estallar en gotas de oro al besarte,
quebrando de mi pecho el ocre.
Belleza delicada,
frágil pétalo de rosa,
fría y cálida, acaricias el sol sin quemarte,
y al rozar la luna, junto a las estrellas ardes.
Pávido tornase mi corazón
cuando pasas por mi lado.
Y dejas al mirar una lluvia de cristales,
que se clavan para dejar una cicatriz imborrable.
Y pienso cada vez que te veo,
y tu mirada se distrae para buscarme:
¡Dios a elegido a esta mujer para reencarnarse![/center:2130161c4e]
piel morena, suave seda,
movimiento embriagador,
tu andar como el nado de sirena.
Dos alondras contornean tu cuerpo,
dibujan la aurora
partiendo los ocasos,
y con luz se graba tu figura.
Fuente de agua pura,
frente dorada de memorias inquietas.
Manos de inusitada belleza y delicadeza,
que como a las lilas el rocío acaricia,
acaricias tú mi alma
que de alegría se encoge,
para estallar en gotas de oro al besarte,
quebrando de mi pecho el ocre.
Belleza delicada,
frágil pétalo de rosa,
fría y cálida, acaricias el sol sin quemarte,
y al rozar la luna, junto a las estrellas ardes.
Pávido tornase mi corazón
cuando pasas por mi lado.
Y dejas al mirar una lluvia de cristales,
que se clavan para dejar una cicatriz imborrable.
Y pienso cada vez que te veo,
y tu mirada se distrae para buscarme:
¡Dios a elegido a esta mujer para reencarnarse![/center:2130161c4e]