Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy besé el suelo
y mi boca se volvió sangre en el asfalto,
de bruces caí entre los cardos mojados,
sintiendo el olor húmedo de mis años.
y mi boca se volvió sangre en el asfalto,
de bruces caí entre los cardos mojados,
sintiendo el olor húmedo de mis años.
Caminando meditabundo tropecé,
con unas piernas de medias negras
contorneando su andar hicieron vacilar mi visión,
sólo atine a cerrar los ojos
e imaginar que sonreías a mi llamada,
mostrando tus bravíos labios...,
abiertos en forma de corazón,
sugestivos en forma de pasión,
sonrientes apaciguando el dolor.
con unas piernas de medias negras
contorneando su andar hicieron vacilar mi visión,
sólo atine a cerrar los ojos
e imaginar que sonreías a mi llamada,
mostrando tus bravíos labios...,
abiertos en forma de corazón,
sugestivos en forma de pasión,
sonrientes apaciguando el dolor.
Pernoctaste por instantes entre mi adolorida cremallera,
abierta y dispuesta hasta la mitad,
sugeriste acariciar el ardiente señuelo,
que dejabas a la entrada de la morada,
siendo sólo un juego embriagando mi entrecano roncar.
abierta y dispuesta hasta la mitad,
sugeriste acariciar el ardiente señuelo,
que dejabas a la entrada de la morada,
siendo sólo un juego embriagando mi entrecano roncar.
Conseguiste extraer mi baba apresurada,
estrujando mi estomago a mansalva,
dejando mis palmas atravesadas
y mi ensangrentada pijama.
estrujando mi estomago a mansalva,
dejando mis palmas atravesadas
y mi ensangrentada pijama.
Vivo anclado y de rodillas
lamiendo el piso por donde dejaste tu humor,
a ver si revivo tus sueños o tu olor,
que por algún tiempo fue mi enconada inspiración,
hoy transmutado de un gris sopor,
que mentiroso rasga mi beso furioso con escozor
lamiendo el piso por donde dejaste tu humor,
a ver si revivo tus sueños o tu olor,
que por algún tiempo fue mi enconada inspiración,
hoy transmutado de un gris sopor,
que mentiroso rasga mi beso furioso con escozor
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