Sommbras
Poeta adicto al portal
.
Y ahí el beso buceando en el amor.
El beso que flota y que dice que no,
también que sí,
que se zambulle y dice que no, que no, que no,
el beso que negando el sí
sobrenada al no,
quizá dice sí por la humedad,
pero bracea para decir que no.
Dice que sí por la luna,
quizá por la oscuridad, o las velas,
las barritas de incienso,
que sí porque el beso entra, sale,
que entra y se sale del amor.
La mente indicando que no, que no, que no,
mientras se escucha un sí por las manos,
otro sí en los movimientos de jabón,
un sí en los cuatro ojos,
soy el beso, el amor, el beso, el beso azul,
se dice, se repite,
porque mente y labios no pueden ser náufragos,
porque islas de otros labios reúnen,
y muerden, y está la llama, y el incienso, y la luna,
esto es amor, proclama el beso en espuma,
soy el beso, el amor, el beso, el beso azul,
lo dice patinando en blancor, bautizando la piel de otros labios,
apretando más en rosa, apurando el poquito aire marrón,
ahogando el que no de la mente.
Entonces la luna,
juntando a todos los barcos voladores del espacio,
todos los mares saturnianos,
todas las sirenas venusianas,
hace vibrar el beso en la boca,
urde pastar las cien ballenas del deseo,
y golpeando la lengua del amor
en diferentes cascabeles va repitiendo:
te quiero tequieero tequiieero
tañendo el sí en mil ecos,
un sí casado con el te quiero,
derretido en una sola sangre
sugestionado por aromas lunares.
Mientras, el no bosteza,
y va jugando desde el planeta Tellus
con la estrella de más abajo del horizonte.
Y así el sí, como verso sembrado de la vida,
como las flores del papel que espera poeta,
ese sí, desde un nuevo paraíso celestial,
va gritando cual Adán
como silbo de Dios
hacia nos cielo adentro.
Chus
.
Y ahí el beso buceando en el amor.
El beso que flota y que dice que no,
también que sí,
que se zambulle y dice que no, que no, que no,
el beso que negando el sí
sobrenada al no,
quizá dice sí por la humedad,
pero bracea para decir que no.
Dice que sí por la luna,
quizá por la oscuridad, o las velas,
las barritas de incienso,
que sí porque el beso entra, sale,
que entra y se sale del amor.
La mente indicando que no, que no, que no,
mientras se escucha un sí por las manos,
otro sí en los movimientos de jabón,
un sí en los cuatro ojos,
soy el beso, el amor, el beso, el beso azul,
se dice, se repite,
porque mente y labios no pueden ser náufragos,
porque islas de otros labios reúnen,
y muerden, y está la llama, y el incienso, y la luna,
esto es amor, proclama el beso en espuma,
soy el beso, el amor, el beso, el beso azul,
lo dice patinando en blancor, bautizando la piel de otros labios,
apretando más en rosa, apurando el poquito aire marrón,
ahogando el que no de la mente.
Entonces la luna,
juntando a todos los barcos voladores del espacio,
todos los mares saturnianos,
todas las sirenas venusianas,
hace vibrar el beso en la boca,
urde pastar las cien ballenas del deseo,
y golpeando la lengua del amor
en diferentes cascabeles va repitiendo:
te quiero tequieero tequiieero
tañendo el sí en mil ecos,
un sí casado con el te quiero,
derretido en una sola sangre
sugestionado por aromas lunares.
Mientras, el no bosteza,
y va jugando desde el planeta Tellus
con la estrella de más abajo del horizonte.
Y así el sí, como verso sembrado de la vida,
como las flores del papel que espera poeta,
ese sí, desde un nuevo paraíso celestial,
va gritando cual Adán
como silbo de Dios
hacia nos cielo adentro.
Chus
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