Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Y la fecha instalada de narcisos en hueso y carne
despertó la semilla de una amante atrapada.
Las flores acababan de nacer como dormidas, con hambre,
con sed de volver a verla, de decirle que la amaban,
de pasear de su mano entre almendros, de cruzar ríos, de bucear valles,
de nadar entre las hojas verdes, de saltar montañas.
Y sentarse junto a la línea donde se detienen los cobardes
y allí, sin más temor que el de su valor, besarla, besarla y besarla.
Y lanzar pétalos contra el cielo y pintar las nubes
y gritarle al tiempo la felicidad de cuando el tiempo no acaba,
cuando le suena lento el pulso a los relojes,
cuando sin manos se puede acariciar el alma,
cuando una mirada es del color de un beso bañado en flores
de la primavera de un narciso despertando el día al nacer la mañana.
( A María José Palacios. Gracias por tus dos primeros versos)
despertó la semilla de una amante atrapada.
Las flores acababan de nacer como dormidas, con hambre,
con sed de volver a verla, de decirle que la amaban,
de pasear de su mano entre almendros, de cruzar ríos, de bucear valles,
de nadar entre las hojas verdes, de saltar montañas.
Y sentarse junto a la línea donde se detienen los cobardes
y allí, sin más temor que el de su valor, besarla, besarla y besarla.
Y lanzar pétalos contra el cielo y pintar las nubes
y gritarle al tiempo la felicidad de cuando el tiempo no acaba,
cuando le suena lento el pulso a los relojes,
cuando sin manos se puede acariciar el alma,
cuando una mirada es del color de un beso bañado en flores
de la primavera de un narciso despertando el día al nacer la mañana.
( A María José Palacios. Gracias por tus dos primeros versos)