joel almo
Poeta recién llegado
Hoy has de entregarme
lo más noble de ti,
lo más dichoso de tu cuerpo.
Tus bondades salen de los ríos,
del mar, de la tierra fértil,
del valle del Elqui
y su sonrisa de uva,
de tus cerros, emperadores de las
viñas que te visten.
Acaricias las gaviotas
con tu cielo nortino,
entregas el sonido pulcro del mar,
tu orquesta de olas es la danza
de los pintorescos barcos
caminando con pasos húmedos
entre tus besos de sal.
Interiorizo en ti la añañuca
intrépida Pampilla de contrastes,
susurras la sangre de tus labios
y la haces tuya entre
las rocas de tu grandeza,
la invitas entre tus venas
de tierra amarilla,
la haces partícipe de las flores.
Península marina, eres
un bolero de marinos,
tus brazos son largos
ríos de desembocadura agitada,
eres el Choapa, el sonoro Elqui
y el cosquilleo del Limarí,
eres la cordillera de las aves.
Tus besos son arena
de celosa herradura,
tu brisa es el susurro
jovial de las almas,
tu postura sonríe
desde las nubes abstractas
y tu pisada es el fuerte
reflejo del galope de tu sello.
Quizás es por eso que soy
amante indiscutido de tu vida,
de tu benévolo clima
y de tu estepa callada.
Hoy has de entregarme
lo más noble de ti,
y lo más dichoso
de tu cuerpo portuario.
lo más noble de ti,
lo más dichoso de tu cuerpo.
Tus bondades salen de los ríos,
del mar, de la tierra fértil,
del valle del Elqui
y su sonrisa de uva,
de tus cerros, emperadores de las
viñas que te visten.
Acaricias las gaviotas
con tu cielo nortino,
entregas el sonido pulcro del mar,
tu orquesta de olas es la danza
de los pintorescos barcos
caminando con pasos húmedos
entre tus besos de sal.
Interiorizo en ti la añañuca
intrépida Pampilla de contrastes,
susurras la sangre de tus labios
y la haces tuya entre
las rocas de tu grandeza,
la invitas entre tus venas
de tierra amarilla,
la haces partícipe de las flores.
Península marina, eres
un bolero de marinos,
tus brazos son largos
ríos de desembocadura agitada,
eres el Choapa, el sonoro Elqui
y el cosquilleo del Limarí,
eres la cordillera de las aves.
Tus besos son arena
de celosa herradura,
tu brisa es el susurro
jovial de las almas,
tu postura sonríe
desde las nubes abstractas
y tu pisada es el fuerte
reflejo del galope de tu sello.
Quizás es por eso que soy
amante indiscutido de tu vida,
de tu benévolo clima
y de tu estepa callada.
Hoy has de entregarme
lo más noble de ti,
y lo más dichoso
de tu cuerpo portuario.
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