Han nacido de tu boca
no llegaron a la mía.
Yo le vendo las heridas
a esos besos no arribados
desolados no los dejo
yo los curo.
No son míos, pero escucho
los pesares de sus vuelos
cuando al aire se encontraron
con sus ojos lastimados.
No son míos... ni son tuyos.
Son de nadie y yo los cuido
viejos
seductores
concebidos todos
y aunque sordos, ciegos, revoltosos
conservan tu sabor
y en mi boca
les doy techo.