Marisa
Poeta adicto al portal
BESOS Y GOLPES
Arañaba con sus zarpas
su blanca piel de alabastro
su mirada se perdía, una vez más
en una alfombra de sangre,
con el rostro descompuesto
por tanto fustigamiento.
Allí quedó, ¡Pobre diabla!
sumergida en su angustia
y su propia desesperanza.
A quién se lo va a contar,
si por miedo al linchamiento
ya casi, con nadie habla.
Al regreso del trabajo
con un beso pretendía
poder gozar como ayer
de lo que antes tenía
Pero hace años que su amor
ya quedó petrificado
ocultándose en el dolor
de sus huesos quebrantados.
Aunque él, no tenía reparos
y cogiendo por la fuerza
lo que ella le había negado
la forzó sin miramientos
hasta quedar desahogado.
Camina de un lado a otro
los días se le hacen eternos
ya no tiene voluntad
su cuerpo está casi muerto
siente una gran ansiedad
en ese hastiado desierto.
¡ No sucumbas más mujer!
a esos golpes
que pretendes esconder.
No soportes más su yugo
aunque te arrulle con besos
tratándote de convencer.
Son besos malditos
besos de Judas,
que engañan y miente
queriendo comprar
un amor desecho
por palos y golpes
en cuerpo morado.
No aguantes más,
¡Por dios!
convéncete de una vez
que ese hombre ya no es
con el que tú te has casado.
Arañaba con sus zarpas
su blanca piel de alabastro
su mirada se perdía, una vez más
en una alfombra de sangre,
con el rostro descompuesto
por tanto fustigamiento.
Allí quedó, ¡Pobre diabla!
sumergida en su angustia
y su propia desesperanza.
A quién se lo va a contar,
si por miedo al linchamiento
ya casi, con nadie habla.
Al regreso del trabajo
con un beso pretendía
poder gozar como ayer
de lo que antes tenía
Pero hace años que su amor
ya quedó petrificado
ocultándose en el dolor
de sus huesos quebrantados.
Aunque él, no tenía reparos
y cogiendo por la fuerza
lo que ella le había negado
la forzó sin miramientos
hasta quedar desahogado.
Camina de un lado a otro
los días se le hacen eternos
ya no tiene voluntad
su cuerpo está casi muerto
siente una gran ansiedad
en ese hastiado desierto.
¡ No sucumbas más mujer!
a esos golpes
que pretendes esconder.
No soportes más su yugo
aunque te arrulle con besos
tratándote de convencer.
Son besos malditos
besos de Judas,
que engañan y miente
queriendo comprar
un amor desecho
por palos y golpes
en cuerpo morado.
No aguantes más,
¡Por dios!
convéncete de una vez
que ese hombre ya no es
con el que tú te has casado.