danie
solo un pensamiento...
Se posa mi cuerpo abstraído
en el añil y en los fuegos de tus ribetes,
hundiendo las alojadas pupilas
en la inmutada mímica
de un mancebo semblante de mujer;
en la inmutada mímica
de un mancebo semblante de mujer;
su bálsamo desprende
la pintura de una aurora,
frente al arcoíris, después del diluvio;
fragancia de liras que acompañan
al inmaculado y pulcro céfiro
arropado por el manto de los celajes de un ocaso.
¡De tu ocaso! ¡Auscultando
las sacras esbozadas que tu alma
desglosa en mis oídos!
Sinfonías de eufóricas hadas y ninfas,
que me trasladan hasta el tul
que cubre mis aspiraciones perpetuas.
Melodías nunca antes oída por este efímero ser,
manando las resonancias piadosas
que desprende el polen de tus labios carmín.
La nívea margarita, la azucena apolínea,
el tulipán sugerente, el Adonis en flor…
Son solo índices de la dicha y el ardor
del tálamo de la rosa roja
sobre los pétalos desgranados por la pasión,
pululando de tu corteza,
nadando en la savia reverente que incauta
su esplendor en magna floración,
como un meloso néctar para este mero picaflor.
En la cúspide de un pináculo
del erial vergel que dejaste a tu paso,
del erial vergel que dejaste a tu paso,
bajo el espejo del plenilunio,
se muestran envidiosos los astros
de un hado encendido por tu oropel,
titilando la hialina de un palpitante corazón
¡Ah, las exhalaciones del almíbar bañado en ilusiones!
Las odas espirituales
del polvo de sol que invade mi oxígeno,
con repercusiones trémulas que contemplan
del polvo de sol que invade mi oxígeno,
con repercusiones trémulas que contemplan
con idolatría a la efigie
de ojos delicados y fecundos,
éxtasis convulso por la primicia del sazón
de eras joviales y pletóricas de verano,
tu boca inundándome con su sello,
tus crespos cabellos liados entre mis dedos,
tu cutis de rosa que con gracia acaricio
tus crespos cabellos liados entre mis dedos,
tu cutis de rosa que con gracia acaricio
sobre el optimista encuentro tropical.
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