Víctor Hugo Pavón Álvarez
Poeta recién llegado
Viene con la lluvia tu alegría
mujer bendita, labios de ángel.
Tu preciosa sonrisa y mis caricias
delirantes en tus piernas se prodigan.
Soy la ternura, los ojos encendidos.
Soy el amor, la vida desmedida
cuando vibra tu voz agitada
por el callejón de intrépidos besos.
Recorro tus brazos que hipnotizan
en medio de instantes prolongados.
Descubro tu cabello entre suspiros
y dibujo tu silueta a medias luces.
Te toco más allá de la ilusión
con mis manos vivaces y contentas.
Un golpe de viento asalta tu figura
donde existes milagrosa e inocente.
Así fueron los días, así serán por siempre
los cantos gloriosos que te imploran
con tanta avidez de ardor tan vivo
que estalla sin piedad en mis palabras.
Víctor Hugo Pavón Álvarez
mujer bendita, labios de ángel.
Tu preciosa sonrisa y mis caricias
delirantes en tus piernas se prodigan.
Soy la ternura, los ojos encendidos.
Soy el amor, la vida desmedida
cuando vibra tu voz agitada
por el callejón de intrépidos besos.
Recorro tus brazos que hipnotizan
en medio de instantes prolongados.
Descubro tu cabello entre suspiros
y dibujo tu silueta a medias luces.
Te toco más allá de la ilusión
con mis manos vivaces y contentas.
Un golpe de viento asalta tu figura
donde existes milagrosa e inocente.
Así fueron los días, así serán por siempre
los cantos gloriosos que te imploran
con tanta avidez de ardor tan vivo
que estalla sin piedad en mis palabras.
Víctor Hugo Pavón Álvarez
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