iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tocado por las gotas de lluvia
que cayeron directo en los órganos,
congelándolo todo,
ahogándolo todo
con el silencio de muerte.
Con el silencio de los labios amados
que un día dijeran sonrisa, mañanas brillantes
que un día pronunciaran el sol
como los niños pronuncian
las primeras sílabas,
y entonces nada de silencio, ni de frío,
sólo el calor de las manos sobre los hombros,
una caricia
hecha al destiempo de un rubor enamorado
hecha sobre los ropajes de las horas,
sin intención de robar horas, o sueños
pero sosteniendo fuertemente la alegría
con sus garras.
Tocado por las gotas de agua
que en otra época se bebiera,
lamiendo de las mejillas malditas
como si manantial fuera.
Ahora las gotas son vidrios, astillas
que hieren las lenguas,
que las fornican
con sus falos ostensibles de odio,
congelados en el instante infinito
de una última mirada.
Despedida, el adiós
al silencio, al frío, a la sangre.
Bienvenida a la nada.