Tuve con la poesía,
desde niña un desencuentro,
(de esos que se quedan dentro)
por culpa de sor Lucía.
Cada día en los ensayos
nos hacía repetir:
-¡Entonación quiero oír
que parecéis papagayos!-
Yo prometí tres rosarios,
dos novenas, siete misas,
¡Dios, que no me den las risas,
recitando poemarios!
Mas Dios hizo caso omiso,
y el día de la función,
hicieron su aparición,
mil risas sin mi permiso
Se contagió la familia,
compañeras, profesoras,
hasta las dos directoras,
la portera y sor Emilia.
Sor Lucía se quedó,
tiesa en el suelo tendida,
pálida y descolorida
del soponcio que le dio.
Sor Flora, convocó al coro
para acabar con las risas;
se resbaló con las prisas
y al caer perdió el decoro.
Me impusieron dos castigos
Góngora y Lope de Vega,
y recitarlos sin pega
con los demás de testigos.
Hice un trueque con Nadín,
mi gemela que es la estrella;
tener memoria es lo de ella,
lo demás todo es serrín.
Más de un mes con su tarea,
los relatos y ecuaciones,
más, tres cajas de bombones
por recitar me canjea.
Tuve con la poesía
desde niña un desencuentro;
con Lorca fue mi reencuentro
bajo el sol de Andalucía.
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