José Benito
Poeta fiel al portal
Llega sobre el horizonte
una sombra espesa y clara:
sábana lenta y pesada
como una blanca mortaja,
vela a la que arrastra el viento,
que con cubrirme amenaza.
Extiende sus dedos fríos
sobre la confusa franja
que corta el confín del mar
como filo de navaja;
y, vestida en su translúcido,
helado velo de gasa,
mi sangre hiela en carámbanos
como un sombrío fantasma.
Tratan de cortarla en vano
los rúbeos sables del alba,
dejándole cicatrices
que me traspasan el alma.
La mar se vuelve invisible,
la costa se ve más vaga,
y una voz al otro lado
con una canción me llama.
Yo mi mano hacia ella alargo,
ella a mí la suya alarga,
para cruzar esta niebla
que ya mis huesos escarcha.
Desnudo, salto a su lado
sin saber lo que me aguarda,
tal vez desde allá divise
la aurora de color malva.
una sombra espesa y clara:
sábana lenta y pesada
como una blanca mortaja,
vela a la que arrastra el viento,
que con cubrirme amenaza.
Extiende sus dedos fríos
sobre la confusa franja
que corta el confín del mar
como filo de navaja;
y, vestida en su translúcido,
helado velo de gasa,
mi sangre hiela en carámbanos
como un sombrío fantasma.
Tratan de cortarla en vano
los rúbeos sables del alba,
dejándole cicatrices
que me traspasan el alma.
La mar se vuelve invisible,
la costa se ve más vaga,
y una voz al otro lado
con una canción me llama.
Yo mi mano hacia ella alargo,
ella a mí la suya alarga,
para cruzar esta niebla
que ya mis huesos escarcha.
Desnudo, salto a su lado
sin saber lo que me aguarda,
tal vez desde allá divise
la aurora de color malva.
José Benito Freijanes Martínez