Blanca trata de buscar su libertad

Antonio

Moderador ENSEÑANTE/asesor en Foro poética clásica
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A las afueras de la ciudad junto a una vía de servicio, se concentraban un gran numero de damas que ofrecían sus servicios por módicos precios y a quienes no les faltaba su clientela, la fija y la ocasional.
Parando su vehículo uno de esos clientes ocasionales se dirigió a una de las meretrices en concreto, después de preguntar por sus honorarios la invitó a subir.
- Si no te importa iremos a mi casa, prefiero siempre una cama para estos menesteres, entra en la parte trasera de la furgoneta, que no quiero dar pie a las vecinas chismosas.
- Como tu quieras, el dinero es tuyo, pero págame por adelantado.
Al llegar a su destino, saliendo de aquella furgoneta sin cristales laterales, un corpulento mayordomo le dio la bienvenida ayudándola a salir.
- De nuevo en casa señorita Blanca; su habitual clientela ya la echaba de menos.




Antonio Nieto Bruna
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Última edición:
... no podemos escapar ni liberarnos de nuestras propias debilidades... ¿"furgoneta sin cristales"?... sin desplazarse y a la vista de... Bueno... de nuevo ya se la percibe desde aquí... No me haga mucho caso... me gusta jugar con las letras... Muy agradable relato Antonio. Muchas gracias

Un abrazo
 
... no podemos escapar ni liberarnos de nuestras propias debilidades... ¿"furgoneta sin cristales"?... sin desplazarse y a la vista de... Bueno... de nuevo ya se la percibe desde aquí... No me haga mucho caso... me gusta jugar con las letras... Muy agradable relato Antonio. Muchas gracias

Un abrazo
Así es amiga, muchas gracias por tu atenta lectura y tus comentarios.
Un abrazo.
 
Antonio
Que difícil es encontrar un discreto mayordomo....
Muy jugosa la aventura, me sorprendió gratamente,
te dejo estrellas relucientes
Saludos poeta
 
A las afueras de la ciudad junto a una vía de servicio, se concentraban un gran numero de damas que ofrecían sus servicios por módicos precios y a quienes no les faltaba su clientela, la fija y la ocasional.
Parando su vehículo uno de esos clientes ocasionales se dirigió a una de las meretrices en concreto, después de preguntar por sus honorarios la invitó a subir.
- Si no te importa iremos a mi casa, prefiero siempre una cama para estos menesteres, entra en la parte trasera de la furgoneta, que no quiero dar pie a las vecinas chismosas.
- Como tu quieras, el dinero es tuyo, pero págame por adelantado…
Al llegar a su destino, saliendo de aquella furgoneta sin cristales laterales, un corpulento mayordomo le dio la bienvenida ayudándola a salir.
- De nuevo en casa señorita Blanca; su habitual clientela ya la echaba de menos.




Antonio Nieto Bruna
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ehhh?? uy me perdí! es mi cabeza atestada de números... era su casa? era el marido? Me haces pensar Antonio...
Besos
 
Antonio
Que difícil es encontrar un discreto mayordomo....
Muy jugosa la aventura, me sorprendió gratamente,
te dejo estrellas relucientes
Saludos poeta


Je,je. La verdad que ya se perdió esa elegante discreción del tipo de mayordomo británico estirado de pocas palabras pero certeras y con chaqué. Debe de ser desde que las cadenas tele basura pagan tanto por sacar la "ideen" de toas las casa.
Muchas gracias estimado Kique por tu particular he inteligente lectura de estas cuatro letras.
Un abrazo.
 
ehhh?? uy me perdí! es mi cabeza atestada de números... era su casa? era el marido? Me haces pensar Antonio...
Besos

Bueno, puestos a seguir pensando, querida Marcela te diría que fueras al titulo y leyeses a la inglesa las tres primeras palabras...
Muchas gracias amiga por pasarte por este rincón.
Un abrazo.
 

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