Patricia Araya
Poeta recién llegado
Todo mi cuerpo receptivo
al cielo de tu tacto,
luz tenue cubría
jardín de serafines en el cielo,
pasión y cúmulos de recuerdos
hiedra de la noche,
te abrazaba suavemente,
la caricia del amor espontáneo.
Te mostraba lo que era
la suave hoja
movida por tu amor.
Me mostraba lo que eras
rama al viento vehemente.
¡Que noche aquella!
tranquila, sensual, delirante,
tu piel y la mía
unidas en cárcel del deseo.
Mis alas de ángel te mostraban
deseo de irme contigo
tu sonrisa guardaba el brillo
de la complacencia
No entendida.
Tus ojos empequeñecidos
era la mirada de un ángel,
pupila a media luz
escapaba de ti,
gesto eterno de un niño,
devanando en los cristales de los míos.
¡Que noche aquella!
Era lenta, dadivosa, acumulativa
flor de azahar alrededor de tu cuello
ataba tu noche a la mía
amarrándola a tus recuerdos,
dejándola perenne en la mía.
Tus pies desnudos como un David
eran fríos al tacto de los míos,
me vestía de blanco mármol
para volverte nuevamente fuego
calases profundo en mí
construyendo una estatua
para amarte viva.
© Patricia M. Araya.
al cielo de tu tacto,
luz tenue cubría
jardín de serafines en el cielo,
pasión y cúmulos de recuerdos
hiedra de la noche,
te abrazaba suavemente,
la caricia del amor espontáneo.
Te mostraba lo que era
la suave hoja
movida por tu amor.
Me mostraba lo que eras
rama al viento vehemente.
¡Que noche aquella!
tranquila, sensual, delirante,
tu piel y la mía
unidas en cárcel del deseo.
Mis alas de ángel te mostraban
deseo de irme contigo
tu sonrisa guardaba el brillo
de la complacencia
No entendida.
Tus ojos empequeñecidos
era la mirada de un ángel,
pupila a media luz
escapaba de ti,
gesto eterno de un niño,
devanando en los cristales de los míos.
¡Que noche aquella!
Era lenta, dadivosa, acumulativa
flor de azahar alrededor de tu cuello
ataba tu noche a la mía
amarrándola a tus recuerdos,
dejándola perenne en la mía.
Tus pies desnudos como un David
eran fríos al tacto de los míos,
me vestía de blanco mármol
para volverte nuevamente fuego
calases profundo en mí
construyendo una estatua
para amarte viva.
© Patricia M. Araya.