hombreorquesta
Poeta recién llegado
No tengo suelo, no, tengo un momento,
un espacio vacío en el efímero
crujido de mi cuerpo, tengo sólo
el eco pegajoso, casi azul,
de un hormigueo dulce en todo el cuerpo,
una sonrisa absurda que refleja
todo el tiempo vivido, una vida
que yo desconocía estar viviendo,
tengo el calor blandísimo de un beso
que despierta en mí aquel momento frío
en que al fin descubrí que tengo veinte
dedos, cuatro ojos, cuatro labios, tengo
un corazón latiendo en mis dos cuerpos,
tengo un abrazo eterno alrededor
de mi cuello, un calor que me congela
en ese mismo instante que lo pierdo,
y todo el universo ahora que sé,
ahora que sé que soy un poco eterno.
Ni tengo suelo, ni lo necesito,
caigo cada momento sólo un poco,
al infinito azul del firmamento
reflejado en sus ojos, en los nuestros.
un espacio vacío en el efímero
crujido de mi cuerpo, tengo sólo
el eco pegajoso, casi azul,
de un hormigueo dulce en todo el cuerpo,
una sonrisa absurda que refleja
todo el tiempo vivido, una vida
que yo desconocía estar viviendo,
tengo el calor blandísimo de un beso
que despierta en mí aquel momento frío
en que al fin descubrí que tengo veinte
dedos, cuatro ojos, cuatro labios, tengo
un corazón latiendo en mis dos cuerpos,
tengo un abrazo eterno alrededor
de mi cuello, un calor que me congela
en ese mismo instante que lo pierdo,
y todo el universo ahora que sé,
ahora que sé que soy un poco eterno.
Ni tengo suelo, ni lo necesito,
caigo cada momento sólo un poco,
al infinito azul del firmamento
reflejado en sus ojos, en los nuestros.