Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
No voy de vuelta a volver a regresar,
mejor un grito de alerta, o el alarido del dolor, del silencio que se ahoga en el ruido,
en el nido de mi cólera silente,
de mis brazos que abrazan las puertas de tu encierro,
y te oigo llamarme desde adentro, y tambiém tus gritos alejándome,
tus bocas, miles, eternamente alejando mi cuerpo abultado de dolor y soledad,
que mis bocas te sangren y entren en tu piel, como lo hicieron,
dos décadas de tiempo y viento,
tardes de años completos cuando nada supe de ti,
y mis ojos alertas buscaban tu voz,
tus bocas en alaridos que mentían al llamarme, llamabas a otros,
los silencios que acaricio junto a tus recuerdos,
tus manos que deslizan tu distancia en fines de semana y en el ruido de la semana de la ciudad,
alejada del silencio, cuando todos son martillos metálicos en herramientas de motores y rotores,
temblores de frío y sudor,
en este Noviembre de Santiago sin ti,
en bocas y gritos,
bocinas y mitos,
los dichos,
tus hermanos vestidos de hijos trepanan tu soledad,
me impiden acercarme no te vaya a destripar, y dejarte conmigo, sola conmigo,
con tu furia, tu carne, tu rabia, tu esencia, clemencia y la ciencia de tu verdad,
y el destino conmigo,
incierto,
a gritos de silencio,
ahogado en bocas, en locas carreras por hacernos el amor,
vestidos de piel a gritos,
desgarros, pasiones a chorros, quejidos y aullidos,
temblores repletos de cuerpos,
los nuestros,
en el silencio de las bocas,
y de mis gritos,
y de tus gritos,
alaridos de dicha,
de pena y suspiro.
mejor un grito de alerta, o el alarido del dolor, del silencio que se ahoga en el ruido,
en el nido de mi cólera silente,
de mis brazos que abrazan las puertas de tu encierro,
y te oigo llamarme desde adentro, y tambiém tus gritos alejándome,
tus bocas, miles, eternamente alejando mi cuerpo abultado de dolor y soledad,
que mis bocas te sangren y entren en tu piel, como lo hicieron,
dos décadas de tiempo y viento,
tardes de años completos cuando nada supe de ti,
y mis ojos alertas buscaban tu voz,
tus bocas en alaridos que mentían al llamarme, llamabas a otros,
los silencios que acaricio junto a tus recuerdos,
tus manos que deslizan tu distancia en fines de semana y en el ruido de la semana de la ciudad,
alejada del silencio, cuando todos son martillos metálicos en herramientas de motores y rotores,
temblores de frío y sudor,
en este Noviembre de Santiago sin ti,
en bocas y gritos,
bocinas y mitos,
los dichos,
tus hermanos vestidos de hijos trepanan tu soledad,
me impiden acercarme no te vaya a destripar, y dejarte conmigo, sola conmigo,
con tu furia, tu carne, tu rabia, tu esencia, clemencia y la ciencia de tu verdad,
y el destino conmigo,
incierto,
a gritos de silencio,
ahogado en bocas, en locas carreras por hacernos el amor,
vestidos de piel a gritos,
desgarros, pasiones a chorros, quejidos y aullidos,
temblores repletos de cuerpos,
los nuestros,
en el silencio de las bocas,
y de mis gritos,
y de tus gritos,
alaridos de dicha,
de pena y suspiro.