Marco Antonio
Poeta recién llegado
En el rincón de las sombras
que proyecta mi triste figura,
dibujo caricias que nuncan llegan.
Tu alma en el horizonte
parese ocaso de sol,
pues te veo en la distancia
de un vacio infinito.
Me faltas en el aire,
me faltas en mi vida,
pero sobre todo me faltas
cuando la soledad me acompaña.
Parezco tocarte con las manos de otro
pero mis dedos no se consuelan,
tocan el aire, frío y desnudo.
Condenado a quererte,
a morir cada noche sin tus besos,
a recordar tu voz en mi cabeza
como loco siempre en velo.
Pero nunca más,
nunca más,
vivir de ti solo en mis sueños.
Temblorosa la daga entre mi dedos,
angustiosa la calma de este borrego
que aun cobarde para el amor
no teme la muerte ni el infierno.
Oh mundo descorazonado
hundo sin pensar mas que en ella
el puña que libere mi pena,
no hay dolor comparado
con los años sin tenerla,
muero porque la quiero,
muero por no abrazarla,
abrazo la muerte sincera
como nunca pude abrazarla a ella.
Y aun yerto y sin sonrisa
mis cenizas aun la recuerdan,
ahi, que triste condena,
porque si vivo no vivo,
y si muero no muero,
que pena ser tan solo
el principe azul de tus sueños.
PD: Hoy vuelvo como el hijo prodigo que vuelve al hogar del que nunca debió salir.
que proyecta mi triste figura,
dibujo caricias que nuncan llegan.
Tu alma en el horizonte
parese ocaso de sol,
pues te veo en la distancia
de un vacio infinito.
Me faltas en el aire,
me faltas en mi vida,
pero sobre todo me faltas
cuando la soledad me acompaña.
Parezco tocarte con las manos de otro
pero mis dedos no se consuelan,
tocan el aire, frío y desnudo.
Condenado a quererte,
a morir cada noche sin tus besos,
a recordar tu voz en mi cabeza
como loco siempre en velo.
Pero nunca más,
nunca más,
vivir de ti solo en mis sueños.
Temblorosa la daga entre mi dedos,
angustiosa la calma de este borrego
que aun cobarde para el amor
no teme la muerte ni el infierno.
Oh mundo descorazonado
hundo sin pensar mas que en ella
el puña que libere mi pena,
no hay dolor comparado
con los años sin tenerla,
muero porque la quiero,
muero por no abrazarla,
abrazo la muerte sincera
como nunca pude abrazarla a ella.
Y aun yerto y sin sonrisa
mis cenizas aun la recuerdan,
ahi, que triste condena,
porque si vivo no vivo,
y si muero no muero,
que pena ser tan solo
el principe azul de tus sueños.
PD: Hoy vuelvo como el hijo prodigo que vuelve al hogar del que nunca debió salir.