Sommbras
Poeta adicto al portal
Nombre: Bogotá. Si bien, de niño le llamaban Bacatá.
Sexo: Un masculino cándido.
Idioma: Bogotano, que es una algarabía de ojos.
Edad: Seamos discretos, parece más joven de lo que es.
Estado Civil: Desunido, postergado por convencimiento.
Rasgos físicos: Tiene las piernas larguísimas y es muy espigado.
Peligros: Bogotá, sin darte tiempo a nacer, puede raptarte al niño que todos llevamos
dentro.
Apariencias: Seductor y reservado, Bogotá es un hombre encumbrado, inmaduro, afeitado y vestido con trapitos verdosos, trajina con patéticas corbatas y no se ha podido desembarazar de la falda española, le grava Granada, le pesa la Sabana española, España es una conversación que le apasiona o enerva, siempre con voces internas de rabia.
Bogotá pugna por ser lo que no es, finge tener la edad que no tiene, por eso baila ballenato, Bogotá aparenta amor mostrando sus niños en la calle revoloteando. Bogotá, rodeándose lacustre, respira nubes, de ahí sus rascacielos, cementos que piden prestado al Bogotá viejo sus ritmos más pegajosos.
Curiosidades: Bogotá también es un río que diariamente se está lavando la cara, Bogotá, la Funza que punza, la dueña del valle de los Alcázares, la Atenas de Suramérica, esa Bogotá, todo los días rejuvenece mucho en Nueva York.
Bogotá, la hermafrodita, está descubriendo que detrás de sus tradiciones se esconde una fábrica de lencería. Ay, Bogotá, retruécanos, callejuelas de estudiantes olvidándose de las gestas bolivarescas, magentas de leyendas seccionadas en paráfrasis unilaterales por doctores escritores de los siglos pasados que confunden la verdad cultivando antipatías recónditas...
Cuando te acercas a Bogotá, ves algunas cosas que no te gustan, pero si convives con ella, es pura pasión, luz y aroma de cielo. Sabor a pan tierno, Bogotá es ruidosa en su éxtasis, y siempre está de buen humor, es cálida y le gusta que la piropeen, por eso Bogotá ratifica y substituye, tiene afán de cambiar.
Bogotá no vierte su pasado de oro, lo contiene como los pelos de su barba, su pasado esta escrito en las cordilleras de sus calles, en las rodillas de sus ventanas, en las olas de sus escaleras, en los acentos de sus pararrayos, en los adverbios de sus banderas, en cada arruga de las aceras bogotanas, La piel de Bogotá es la sonrisa sucia de unos dientes bañados en oro, será que contemplada de lejos Bogotá es una bella ciudad fémina, una figura que camina engalanada de contrastes, sin embargo, deberemos alejarnos de ella para juzgarla mejor, Coacha parece dictarnos que Bogotá será siempre la ciudad del Dios Varón.
Consideración final: Bogotá de mil zapatos verdes y extensa pamela azul blanquinosa, Bogotá de pellejos en constante blanquición, deberemos habitar tu ciudad con nuestros propios recuerdos, escuchémosla, que siempre hay alguien auscultándola, debe ser la nomotética de los indómitos seísmos que existen en los nanouniversos compartidos, quizá en los cristales de una lagrima, pero nademos en ellos como pez Capitán, y denunciémonos nosotros mismos, principalmente, todo aquello que aleteen nuestros pasos.
Aunque cetrino se sienta el mar, ay, no sabe el verde lo qué del verde es real, hasta que no se verdea por los mil glaucos de las cortezas de Bogotá...
Epitafio: Cuando yo muera he de volver para mendigar, los sinoples no vividos en Bogotá...
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Jesús Soriano
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