Boris Calderón

lluvia de enero

Simplemente mujer
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Boris Calderón (San Bernardo, 1934 – Santiago, 1962). Poeta chileno. Hizo sus estudios primarios en las Escuelas Primarias de Lindero y Buin, luego terminó sus estudios secundarios en el Internado Nacional Barros Arana y el Liceo de San Bernardo. Ingresó a la escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, carrera que no finalizó. Formó filas en las Juventudes Comunistas y en frentes de combate proletario.

De rasgos líricos, su obra se nutre de una visión fatalista del amor y sombría del erotismo; es un mundo corroído, viciado, donde la trasnsgresión, tanto material como espiritual, sobrepasa cualquier límite. Se puede asociar a Boris Calderón a nombres como Mahfud Massís, Mario Poblete, poetas que mantienen en sus obras constantes como el terror, la muerte y quizás sea Calderón quien haya hecho una exploración más lograda, en términos estéticos, de todos ellos en esos ámbitos.

Publicó tres libros de poesía: “Estío en la materia” (1954), “El libro de los adioses” (1956), “Canciones para una niña que se llama Francisca” (1959). Las dos primeras obras fueron prologadas por Mahfud Massís, Víctor Loentahl y Pablo de Rokha. El tercer libro corrió un destino increíble, ya que la edición constó solo de tres ejemplares.

Boris Calderón muere a los 28 años de edad a causa de un tumor cerebral.





Datos biográficos extraídos de: http://www.sicpoesiachilena.cl/docs/poetas_detalle.php?poeta_id=363
https://lacabinainvisible.files.wor...-verdugo-cuatro-poetas-chilenos-olvidados.pdf



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MAGNOLIAS NEGRAS


Madre, voy a hablarte de ella,
Quiero derribar el sombrío muro de tu sueño
en esta noche
Para hablarte con la voz de un ciego
Que levanta sus brazos en medio de la luz.
Porque estás conmigo en esta hora
En que un sombrío río de nomeolvides atraviesa las piedras
Y me deja en las órbitas dos cristales opacos.
—La noche se hizo paloma para cubrir la frente
de mi amada muerta—
He aquí la sombra que humedece la voz,
La angustia sorda que escarba los huesos,
Como una perra leprosa comiéndose a sus hijos.
Ya puedo caer, ahora,
He perdido las manos que buscaba, la encendida greda,
tal vez todo,
Porque miro a la muerte como a la más amada.
La encontré en un bosque de asfódelos azules
Donde hacía veinte siglos me esperaba, con sus ojos velados
Como dos alondras dormidas en un pozo.
—¡Era más hermosa que una isla de pájaros!—
La miré, me alcé iluminado sobre las piedras
Hasta sentir en la boca el tormentoso cauce de su risa
Y fue tan fría mi lámpara nocturna…
¡Ay! Te he llamado esta noche en que nada tengo y estoy solo
Como un niño muerto en un campanario abandonado.
Aquí estoy de pie sobre los cataclismos y la furia
Aullando —fiera enceguecida en los abismos—
¡Ah! Desesperado.
Y se abren, estallan mis alaridos en su corazón,
Como la carcajada de un loco en la tumba de su amante.
Te he llamado para darte todo esto… Madre,
Pero no llores, ya nada tengo y estoy solo, y hace hoy
Doscientos continentes
Que la tierra la besa y me la roba.


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NO SONIDO DEL DELIRIO FANTASMA


Hacia dónde huimos, arrancándonos las carnes?
Acosados de tinieblas. Perseguidos.
¿Hacia dónde? Gris del ángel.
En el Más Allá tras el llanto de las hienas,
Con un junco de oro entre sus manos descarnadas
Dios sacude y abre para siempre
La eternidad de nuestros ataúdes.
¡Cómo te amo!
¡Cómo un tumulto de moscas afiebradas
Encienden mi delirio!
Más, ¡oh! Bellas esclavas de la noche,
¿Por qué habéis adornado mi frente lacerada
Con guirnaldas de serpiente?
¿Porqué, malditas?
La noche en ella se ha posado verde
Y me muerde su color sin límite,
Me enloquece su color caído,
Su verde devorado por la muerte.
Mientras, alejada, todo cambia, todo muere,
Tu diadema de crótalos,
Tus cristales enlodados y tu llanto.
Todo ha muerto, Deshojada, todo ha verde
Y caído para siempre en el sonido.


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DEL LIBRO ESTÍO EN LA MATERIA

.........."La luz está rota bajo mi piel"


A su sombra,
bajo el leprosario de los astros,
me has esperado siempre,
desde que eres cruz de ébano.
Desorbitado de fantasmas
vago por túneles de cristal.
Te busco,
para disolverme en ti como la música
del vicio.
Quiero encontrarte gimiendo,
antes que precipites el alba
en la oquedad de mis fauces.
¿Dudas todavía ser flor de los abismos?
Aún pienso
que seguirás siendo de ébano,
como cuando un dios convulso aulló:
!Hágase la luz!
Debes ignorar que tras el horizonte hay
una catástrofe
de columnas y planetas enloquecidos,
y que aún dista la selva de nelumbios.
Toca tus ojos con el vanadio de mis alas
negras
y verás revolcarse la tragedia del opio.
En el ocaso, a sus pies,
enterraremos la belleza.
Estaremos agónicos
cuando el amor se convierta en oración
de sangre.
Bramarán los sonámbulos al sol
y el vocerío emocionado
se arrastrará como el silbido de los
monstruos,
buscando los rincones
para herir nuestros oídos.
En los vértices de las ventanas,
ojos oblicuos nos acechan.
Mírame amada; estoy torturado
Recogerás, entonces,
tus ojos desnudos de la tierra
y me iré disolviendo de rodillas.
Llegarán a tus pies mis chacales ateridos.
Tu dirás: que siempre estuve triste
y se harán polvo venerándote.
Amo la noche, amada,
desde entonces
amo sus montañas de ónice
donde se despeñan como pétalos,
los astros extraviados.
Amo la agonía de tus ojos,
desde siempre,
amo sus colinas de algas
donde se despeñan como astros mis miradas.
Hacia la altura de mis huesos
llega reptando tu presencia.
Flotan cavidades en el eco de sus huellas
que derraman mis cabellos de vidrio,
hacia el cráter del tiempo,
El espacio tiembla de coágulos vegetales
cada noche.



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