BOTELLA DE VINO VACÍA
Ahora que veo el mundo a través
del fondo verrugoso, multiforme, especular,
de una botella de vino vacía...
Callo y admiro sus intolerables, admirables,
insuperables deformidades,
como carnes apresuradas, oprimidas,
como carnes ofrecidas a una alquimia lineal,
como carnes en mandorlas de neón
en las calles prostituidas,
cantadas al compás del maullido enervante de los gatos.
Cantadas en noches de luna aterida,
entre los friolentos espasmos de la madrugada
que quiere nacer.
Mi botella verde de vino, vacía,
sin alma ni calor que trasvasarme.
Como un universo hueco del que bebí hasta saciarme,
frágil criatura que sólo me dejas el placer inenarrable
de poder besar tu frío culo sin mortaja.
A tí, rígidamente amada, tersa como la última caricia,
ausente ya de vómitos, impermeable a las luces que antes eran ópalos.
Queda el fondo constelado de tu culo, caos y canon,
del que nacerán formas solemnes, escamas de luz aciaga
en las nuevas noches de plétora y lenocinio.
Ahora mi ojo miope se engrandece como un dios pagano
al contemplar a tu través, lúbrico y rugoso fondo,
las estrellas y los rótulos luminosos.
Puedo recrear con tu verdemar jugoso
todas las primaveras caducas de un borracho.
Puedes engendrar en mí, ausente ya tu sangre tan lasciva,
la inmundicia del poeta que se entrega.
Podemos -oh sí, déjame participar en tu triunfo post-mortem-
podemos incendiar todos los mensajes de amor
que se cruzan los enamorados desde sus camas inhóspitas.
Avanzamos por las calles sin sordina,
surgen las rojas carcajadas formando las guirnaldas para el héroe,
desde las ventanas cerradas a la noche
se arrojan pétalos de esperma sobre la comitiva triunfal.
Oh ciudad muerta para la vida, tan viva para la muerte,
ciudad como cenotafio, latido congelado en esa cuenca vacía,
verde vacío del fondo de mi botella
desde el que miro las constelaciones estériles.
Porque a través tuyo, vidrio eternal, frío hermano,
veo como nace un inocente universo nuevo.
Ilus.: "Aquello por lo que luchamos". Oskar Kokoschka.
Ahora que veo el mundo a través
del fondo verrugoso, multiforme, especular,
de una botella de vino vacía...
Callo y admiro sus intolerables, admirables,
insuperables deformidades,
como carnes apresuradas, oprimidas,
como carnes ofrecidas a una alquimia lineal,
como carnes en mandorlas de neón
en las calles prostituidas,
cantadas al compás del maullido enervante de los gatos.
Cantadas en noches de luna aterida,
entre los friolentos espasmos de la madrugada
que quiere nacer.
Mi botella verde de vino, vacía,
sin alma ni calor que trasvasarme.
Como un universo hueco del que bebí hasta saciarme,
frágil criatura que sólo me dejas el placer inenarrable
de poder besar tu frío culo sin mortaja.
A tí, rígidamente amada, tersa como la última caricia,
ausente ya de vómitos, impermeable a las luces que antes eran ópalos.
Queda el fondo constelado de tu culo, caos y canon,
del que nacerán formas solemnes, escamas de luz aciaga
en las nuevas noches de plétora y lenocinio.
Ahora mi ojo miope se engrandece como un dios pagano
al contemplar a tu través, lúbrico y rugoso fondo,
las estrellas y los rótulos luminosos.
Puedo recrear con tu verdemar jugoso
todas las primaveras caducas de un borracho.
Puedes engendrar en mí, ausente ya tu sangre tan lasciva,
la inmundicia del poeta que se entrega.
Podemos -oh sí, déjame participar en tu triunfo post-mortem-
podemos incendiar todos los mensajes de amor
que se cruzan los enamorados desde sus camas inhóspitas.
Avanzamos por las calles sin sordina,
surgen las rojas carcajadas formando las guirnaldas para el héroe,
desde las ventanas cerradas a la noche
se arrojan pétalos de esperma sobre la comitiva triunfal.
Oh ciudad muerta para la vida, tan viva para la muerte,
ciudad como cenotafio, latido congelado en esa cuenca vacía,
verde vacío del fondo de mi botella
desde el que miro las constelaciones estériles.
Porque a través tuyo, vidrio eternal, frío hermano,
veo como nace un inocente universo nuevo.
Ilus.: "Aquello por lo que luchamos". Oskar Kokoschka.