Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Entro a este portal con un nuevo bozal,
este de día Lunes,
este de mortal boca cerrada en la que no entran moscas, pero tampoco salen versos,
versículos, montículos expresivos,
es como una guerra frontal contra la mudez,
la ceguera de la boca,
la mudez de la vista,
con la mirada puesta en el final del recorrido del autobus hacia la estación de metro,
para hacer otra clase,
sentirme con clase,
sentirme respetado, celebrado, acondicionado, valorado,
y es el monto el que también me lleva,
mueve mi diario vivir en el transcurrir de los pagos,
entrar a un lugar para abastecerme,
entretenerme,
formar parte de la fila de los compradores,
animadores del sistema, ese al cual estoy adicto,
como el disco de guerra que ya no escuchamos, a ese que llaman "vinilo" ahora,
y en la hora de la muerte del CD,
del Mp3 o de otras siglas técnicas,
térmicas,
endémicas pero útiles, mientras me quito el bozal de todos los días, y comienzo a hablar con estas letras revueltas pero resueltas,
envueltas en mensajes de soledad y compañía, porque poco a poco llega mi hora predilecta,
la hora en que atardece,
se estremece mi espíritu y despierta, para ver esas noches de luces que despiertan,
y bozales que desprenden mi silencio,
adormecen mi depresión y la ocultan,
hasta mañana por la mañana.
este de día Lunes,
este de mortal boca cerrada en la que no entran moscas, pero tampoco salen versos,
versículos, montículos expresivos,
es como una guerra frontal contra la mudez,
la ceguera de la boca,
la mudez de la vista,
con la mirada puesta en el final del recorrido del autobus hacia la estación de metro,
para hacer otra clase,
sentirme con clase,
sentirme respetado, celebrado, acondicionado, valorado,
y es el monto el que también me lleva,
mueve mi diario vivir en el transcurrir de los pagos,
entrar a un lugar para abastecerme,
entretenerme,
formar parte de la fila de los compradores,
animadores del sistema, ese al cual estoy adicto,
como el disco de guerra que ya no escuchamos, a ese que llaman "vinilo" ahora,
y en la hora de la muerte del CD,
del Mp3 o de otras siglas técnicas,
térmicas,
endémicas pero útiles, mientras me quito el bozal de todos los días, y comienzo a hablar con estas letras revueltas pero resueltas,
envueltas en mensajes de soledad y compañía, porque poco a poco llega mi hora predilecta,
la hora en que atardece,
se estremece mi espíritu y despierta, para ver esas noches de luces que despiertan,
y bozales que desprenden mi silencio,
adormecen mi depresión y la ocultan,
hasta mañana por la mañana.