Odisea
Poeta recién llegado
Camina, majestuoso, esboza pétalos rojizos sobre el camino, y junto a él le siguen dos lobos blancos. ¿Cuál de todos los ojos que han visto exhumar, en una críptica noche, el alba de los jóvenes?
Yo puedo contarlo y escribirlo en tinta sobre esta hoja vieja y antigua, porque puedo observarlo desde el azul, que no es sangre, tampoco vino.
Bella mía, aquí, en lo alto del bosque, el verde se vuelve oscuridad y lo diviso... Es la palabra que tomó forma, y sus contornos se rodean de una luminiscencia apacible.
Oh, amada literatura, devuelve la carne a mis huesos; que no ha sido la primera ni la última en la cual me has acorralado entre los versos y las costillas, de mi sed y mi boca, de mi corazón, de mi alma y de esta nostalgia... a quien le pertenezca en este espacio infinito.
Los pétalos se marchitan o se esfuman, se convierten en cenizas sobre el cenit, y retumba la tierra exaltando los mares. Todo puede acabar si falta la palabra. Los días y las noches advierten: vendrán sobre los otros que viven debajo y saciarán su hambre con las míseras migajas que caen desde el cielo.
Allá irán, pues, las amables luciérnagas y las constelaciones; irá el viento como un trueno, dejando a su imagen la vendimia.
¡Pero qué temor cuando la palabra se ha ido! Ah... pero eso sería otra historia.
¿Crees que, cuando ella no pueda unirse y conformarse en oración, podrá concluir en algún momento este relato?
Ahor...
Yo puedo contarlo y escribirlo en tinta sobre esta hoja vieja y antigua, porque puedo observarlo desde el azul, que no es sangre, tampoco vino.
Bella mía, aquí, en lo alto del bosque, el verde se vuelve oscuridad y lo diviso... Es la palabra que tomó forma, y sus contornos se rodean de una luminiscencia apacible.
Oh, amada literatura, devuelve la carne a mis huesos; que no ha sido la primera ni la última en la cual me has acorralado entre los versos y las costillas, de mi sed y mi boca, de mi corazón, de mi alma y de esta nostalgia... a quien le pertenezca en este espacio infinito.
Los pétalos se marchitan o se esfuman, se convierten en cenizas sobre el cenit, y retumba la tierra exaltando los mares. Todo puede acabar si falta la palabra. Los días y las noches advierten: vendrán sobre los otros que viven debajo y saciarán su hambre con las míseras migajas que caen desde el cielo.
Allá irán, pues, las amables luciérnagas y las constelaciones; irá el viento como un trueno, dejando a su imagen la vendimia.
¡Pero qué temor cuando la palabra se ha ido! Ah... pero eso sería otra historia.
¿Crees que, cuando ella no pueda unirse y conformarse en oración, podrá concluir en algún momento este relato?
Ahor...