brillo apagado

miara

Poeta asiduo al portal
La estrella ya no brilla:
su cálido esplendor
se ha refugiado
en el reino del recuerdo,
donde el poeta
la ha olvidado.

A la luna,
sus ojos ya no guiña,
y sólo suspira
por lo que el tiempo
le ha robado,
a hurtadillas,
cuando estaba,
absorta y distraída,
con el silencio
del espacio estelado.

Y silba para alegrar
a su espíritu desanimado,
mientras observa a los cometas
que juegan a ver
quién más rápido
atraviesa la Tierra.

“No te apenes,
linda estrella”,
le dice un lucero
recién levantado.
“Aun sin tu aura,
sigues siendo la misma
que inspiraba versos y rimas;
la misma que propició
amores de verano;
aquélla que dio paz
al desesperado;
y eso nada te lo quitará,
ni dioses, ni humanos”.
 
la luz que poco estrella ya no brilla:
su cálido esplendor
se ha refugiado
en el reino del recuerdo,
donde el poeta
la ha olvidado.

A la luna,
sus ojos ya no guiña,
y sólo suspira
por lo que el tiempo
le ha robado,
a hurtadillas,
cuando estaba,
absorta y distraída,
con el silencio
del espacio estelado.

Y silba para alegrar
a su espíritu desanimado,
mientras observa a los cometas
que juegan a ver
quién más rápido
atraviesa la Tierra.

“No te apenes,
linda estrella”,
le dice un lucero
recién levantado.
“Aun sin tu aura,
sigues siendo la misma
que inspiraba versos y rimas;
la misma que propició
amores de verano;
aquélla que dio paz
al desesperado;
y eso nada te lo quitará,
ni dioses, ni humanos”.
Bello y sensible poema, lo interpreto como si la luz que poco a poco se apaga fuéramos nosotros, mortales pasajeros de paso por la vida, bonita metáfora la de la estrella me parece. Abrazote vuela amiga Miara. Paco.
 
La estrella ya no brilla:
su cálido esplendor
se ha refugiado
en el reino del recuerdo,
donde el poeta
la ha olvidado.

A la luna,
sus ojos ya no guiña,
y sólo suspira
por lo que el tiempo
le ha robado,
a hurtadillas,
cuando estaba,
absorta y distraída,
con el silencio
del espacio estelado.

Y silba para alegrar
a su espíritu desanimado,
mientras observa a los cometas
que juegan a ver
quién más rápido
atraviesa la Tierra.

“No te apenes,
linda estrella”,
le dice un lucero
recién levantado.
“Aun sin tu aura,
sigues siendo la misma
que inspiraba versos y rimas;
la misma que propició
amores de verano;
aquélla que dio paz
al desesperado;
y eso nada te lo quitará,
ni dioses, ni humanos”.

Algo se apaga pero en el diente de esa iluminacion vivida
queda siempre la referencia del paso por la vida. felicidades.
una hermosa moraleja en tu obra, relato. magnifico. luzyabsenta
 

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