gilbran
Ernesto Salgari
Suelo
compararte
con aquellas
cosas cotidianas
que se pueden ver y oír
en los extremos del día.
Allí,
cada brillo,
cada artilugio,
cuentan;
colgando oportunos
en los escaparates
de una jornada
que se inicia,
mostrándose
por un breve espacio
de tiempo,
que finalmente,
me sirviera
para quedarme
con apenas un guiño
o una sonrisa.
En ese tiempo
que tímida
pero, certeramente
va borrando las huellas
de toda caricia
ayer inscrita.
En ese tiempo urgente
y lleno de fatiga
al término del día,
donde,
ya casi no sé
que decirte.
Y sólo te veo pasar
sin poder encontrar
las palabras justas,
ni los versos,
ni los argumentos.
Entonces, me doy cuenta
que otro día se ha ido
Y debemos regresar a casa.
compararte
con aquellas
cosas cotidianas
que se pueden ver y oír
en los extremos del día.
Allí,
cada brillo,
cada artilugio,
cuentan;
colgando oportunos
en los escaparates
de una jornada
que se inicia,
mostrándose
por un breve espacio
de tiempo,
que finalmente,
me sirviera
para quedarme
con apenas un guiño
o una sonrisa.
En ese tiempo
que tímida
pero, certeramente
va borrando las huellas
de toda caricia
ayer inscrita.
En ese tiempo urgente
y lleno de fatiga
al término del día,
donde,
ya casi no sé
que decirte.
Y sólo te veo pasar
sin poder encontrar
las palabras justas,
ni los versos,
ni los argumentos.
Entonces, me doy cuenta
que otro día se ha ido
Y debemos regresar a casa.