Alex Courant
Poeta adicto al portal
Solos como ahora, amigo mío.
Como ahora que el vino se vierte
y entre el mar y nosotros y la luna
no existe más que el viento
como un fantasma necio y triste,
tengo sirenas en los ojos
que se enamoran de mis pestañas.
Tengo a cada una de las barcazas
que galopan a último trote,
tengo de las casas el humo
donde el marino y su mujer
esculpen la silueta de un hijo
al sudor copioso de una vela.
Ahora, más que ahora,
chocamos las copas como las olas
chocan en la arena.
La ira de la brisa nos envuelve
y los niños que sueltan sus redes
enturbian nuestra sangre,
nos llevan como la sal al fondo,
del polvo hacia el polvo;
nos arrastran junto a las caracolas,
que el agua, enmudecida, ha traído.
Con uñas, dedos y manos,
nos aferramos a la risa de la espuma
que se pierde, a cada momento,
en lo falaz y azul de su transparencia.
Cuando mi copa en tu copa se derrame:
trenza tus anclas al sueño,
desfila tus gaviotas al peñasco,
despójate del blanco recato
en la vela de tus palabras
y amárralas a mi lengua,
a mi lengua amarra tus palabras,
igual si fueran las cuerdas del violín
que tiemblan lacónicamente.
Como ahora que el vino se vierte
y entre el mar y nosotros y la luna
no existe más que el viento
como un fantasma necio y triste,
tengo sirenas en los ojos
que se enamoran de mis pestañas.
Tengo a cada una de las barcazas
que galopan a último trote,
tengo de las casas el humo
donde el marino y su mujer
esculpen la silueta de un hijo
al sudor copioso de una vela.
Ahora, más que ahora,
chocamos las copas como las olas
chocan en la arena.
La ira de la brisa nos envuelve
y los niños que sueltan sus redes
enturbian nuestra sangre,
nos llevan como la sal al fondo,
del polvo hacia el polvo;
nos arrastran junto a las caracolas,
que el agua, enmudecida, ha traído.
Con uñas, dedos y manos,
nos aferramos a la risa de la espuma
que se pierde, a cada momento,
en lo falaz y azul de su transparencia.
Cuando mi copa en tu copa se derrame:
trenza tus anclas al sueño,
desfila tus gaviotas al peñasco,
despójate del blanco recato
en la vela de tus palabras
y amárralas a mi lengua,
a mi lengua amarra tus palabras,
igual si fueran las cuerdas del violín
que tiemblan lacónicamente.
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