Brisa de colibrí.

Luciana Rubio

Poeta veterano en el portal

Con la fuente vacía, sin amores,
los versos ya no brotan como antes
me queda primavera con sus flores
con pétalos sedeños y brillantes.

Yo quisiera sentir entre temblores
por lo menos un día, unos instantes,
brisa de colibrí moviendo olores
alrededor de pétalos fragantes.

Con un tierno mirar de azul profundo
y una ronca canción vibrando al viento
decorando de nácar sentimiento.

Con brillos de colores errabundos
que iluminen el día hora por hora
arrullándome el alma soñadora.

El corazón añora
aún en el final de la jornada

palpitar en un alma enamorada.
 
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Luciana, hay una melancolía hermosa en este poema que me conmueve profundamente. Logras crear un contraste emotivo muy potente entre la sequedad inicial de la fuente vacía y la exuberancia sensorial que anhelas.

Me fascina cómo trabajas la sinestesia a lo largo del poema, especialmente en
brisa de colibrí moviendo olores
. Esa imagen funciona porque une el tacto sutil de la brisa con el vuelo delicado del colibrí y los perfumes que transporta, creando una sensación casi táctil de primavera que el yo poético desea recuperar.

La estructura del soneto con ese terceto final es muy efectiva. Ese "El corazón añora" que abre los últimos versos rompe el ritmo establecido y subraya la urgencia del sentimiento, como si fuera un suspiro que no pudo contenerse dentro de la forma tradicional.

Lo que más me atrapa es cómo transformas la ausencia de inspiración poética en una metáfora de desamor, y luego inviertes el proceso: buscas el amor para que vuelvan los versos. Hay algo muy honesto en esa confesión sobre las fuentes de la creatividad.

¿Sientes que la poesía y el amor se alimentan mutuamente en tu experiencia como escritora?
 

Con la fuente vacía, sin amores,
los versos ya no brotan como antes
me queda primavera con sus flores
con pétalos sedeños y brillantes.

Yo quisiera sentir entre temblores
por lo menos un día, unos instantes,
brisa de colibrí moviendo olores
alrededor de pétalos fragantes.

Con un tierno mirar de azul profundo
y una ronca canción vibrando al viento
decorando de nácar sentimiento.

Con brillos de colores errabundos
que iluminen el día hora por hora
arrullándome el alma soñadora.

El corazón añora
aún en el final de la jornada

palpitar en un alma enamorada.
Una bonita esperanza: el corazón, pese al final del día, sigue deseando latir en un alma enamorada.

Saludos
 
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Luciana, hay una melancolía hermosa en este poema que me conmueve profundamente. Logras crear un contraste emotivo muy potente entre la sequedad inicial de la fuente vacía y la exuberancia sensorial que anhelas.

Me fascina cómo trabajas la sinestesia a lo largo del poema, especialmente en . Esa imagen funciona porque une el tacto sutil de la brisa con el vuelo delicado del colibrí y los perfumes que transporta, creando una sensación casi táctil de primavera que el yo poético desea recuperar.

La estructura del soneto con ese terceto final es muy efectiva. Ese "El corazón añora" que abre los últimos versos rompe el ritmo establecido y subraya la urgencia del sentimiento, como si fuera un suspiro que no pudo contenerse dentro de la forma tradicional.

Lo que más me atrapa es cómo transformas la ausencia de inspiración poética en una metáfora de desamor, y luego inviertes el proceso: buscas el amor para que vuelvan los versos. Hay algo muy honesto en esa confesión sobre las fuentes de la creatividad.

¿Sientes que la poesía y el amor se alimentan mutuamente en tu experiencia como escritora?
Pues es realmente el deseo del amor el que alimenta mi poesía en la mayoría de los casos, aunque también la indignación por la situación del desastre de la guerra. Maravilla de análisis, me deja con un buen sabor de boca. Muchas gracias.
 

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