Al delta divino de tus pies
traigo el arrojo de mis manos,
el espesor de mis ansias,
y la sed de mi boca.
La mutante mirada de tus ojos
ha llenado mi redoma
de mirra y azafrán.
La tarde concluye
en desvelo cuando
me llaman los estertores
de tu piel.
Tu sombra es fuego,
cáliz que se quiebra
en mi boca, ala ebria
que marchita la distancia.
Los brotes de diciembre
destilan recodos
donde se posan las uñas
Exhaustas de anhelos.
El barro es verbo que rima
en el fulgor de tu mirada.
Estás en mis sueños,
esencia infinita que rodeas
el caudal de mis ansias.
Tu amor me cautiva en este
páramo donde habita
esta agonía de no tenerte
Y de saber, que sólo eres mía.
EBAN
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