Dylam Shalam
Poeta recién llegado
Nadie me hablo del frío que quema al alma,
cuando comienza a despertar la noche,
entre la bruma del alba, mientras que la soledad,
se filtra como brisa fúnebre sobre las sabanas.
Nadie me hablo sobre los primeros años,
donde lo incorrecto fue marcado con un tachón
en las hojas sucias de un cuaderno sin pasta.
Nadie me aconsejo decir la verdad,
cuando a cambio recibí algún golpe,
a causa de la impaciencia frustrada de mis pies.
Sobre miedos forjaron mi destino.
Con verdades malintencionadas crearon un monstruo
que cada día se resiste a morir a causa de los años.
Mi mal fue común y en especie.
Un mal que se lleva en silencio como la vergüenza
que marca sobre la frente el estigma de Cáin.
Hicieron mis sentidos a su ver y semejanza.
Me enseñaron el valor del oro tan sólo por su nombre.
Me educaron para que las palabras no me dejaran desnuda.
Me hablaron de un Dios que es bueno por las buenas.
Voy en un limite donde nadie sabe del todo la verdad.
Donde el horror se muestra reflejado en neurosis y enfermedad.
Donde la vestimenta no logra cubrir la pobreza del alma,
Donde unas simples monedas son aspirinas para el dolor.
Voy aprendiendo como aprenden los simios,
Voy aprendiendo de nuevo el abecedario,
añorando hallar en alguna letra la verdadera razón.
cuando comienza a despertar la noche,
entre la bruma del alba, mientras que la soledad,
se filtra como brisa fúnebre sobre las sabanas.
Nadie me hablo sobre los primeros años,
donde lo incorrecto fue marcado con un tachón
en las hojas sucias de un cuaderno sin pasta.
Nadie me aconsejo decir la verdad,
cuando a cambio recibí algún golpe,
a causa de la impaciencia frustrada de mis pies.
Sobre miedos forjaron mi destino.
Con verdades malintencionadas crearon un monstruo
que cada día se resiste a morir a causa de los años.
Mi mal fue común y en especie.
Un mal que se lleva en silencio como la vergüenza
que marca sobre la frente el estigma de Cáin.
Hicieron mis sentidos a su ver y semejanza.
Me enseñaron el valor del oro tan sólo por su nombre.
Me educaron para que las palabras no me dejaran desnuda.
Me hablaron de un Dios que es bueno por las buenas.
Voy en un limite donde nadie sabe del todo la verdad.
Donde el horror se muestra reflejado en neurosis y enfermedad.
Donde la vestimenta no logra cubrir la pobreza del alma,
Donde unas simples monedas son aspirinas para el dolor.
Voy aprendiendo como aprenden los simios,
Voy aprendiendo de nuevo el abecedario,
añorando hallar en alguna letra la verdadera razón.