Lírico.
Exp..
Buenas sensaciones
Ni la espesa nostalgia y su goteo
tozudo en la memoria desgastada;
ni tampoco el mordisco del rencor;
ni esa amarilla plaga que es la envidia
consiguen esta tarde dar con él.
Una suave penumbra le rescata
y abriga en duermevela su sosiego,
mientras se aviene al tiempo ya inmolado
pacificando el rostro conocido
sin apenas deseo en el azogue.
Un lánguido sopor logra vencerle
y le acuna la dicha de encontrarse
a salvo de sí mismo. Está su historia
sepultada en un pliegue improvisado
por el surco que su vida traza ciega.
No teme a los fantasmas con su niebla
de difuntos ayeres sin retorno;
no le amendrenta el resplandor vecino
de un mañana con sed de incertidumbre:
parece que su sangre se emancipa.
Tiene la sensación de minuciosa
presencia en precisión para escucharse
como jamás lo había imaginado.
Tiene un trono de calma en que se instala
por ver mejor la luz con que ama el mundo.
Ni la espesa nostalgia y su goteo
tozudo en la memoria desgastada;
ni tampoco el mordisco del rencor;
ni esa amarilla plaga que es la envidia
consiguen esta tarde dar con él.
Una suave penumbra le rescata
y abriga en duermevela su sosiego,
mientras se aviene al tiempo ya inmolado
pacificando el rostro conocido
sin apenas deseo en el azogue.
Un lánguido sopor logra vencerle
y le acuna la dicha de encontrarse
a salvo de sí mismo. Está su historia
sepultada en un pliegue improvisado
por el surco que su vida traza ciega.
No teme a los fantasmas con su niebla
de difuntos ayeres sin retorno;
no le amendrenta el resplandor vecino
de un mañana con sed de incertidumbre:
parece que su sangre se emancipa.
Tiene la sensación de minuciosa
presencia en precisión para escucharse
como jamás lo había imaginado.
Tiene un trono de calma en que se instala
por ver mejor la luz con que ama el mundo.
Última edición: