Francisco Borgoñoz Martinez
Poeta fiel al portal
Hoy el Cielo se despertó constipado
y de cuando clama enérgico
y de a poco llora bíblico
sobre las ondas de barro,
enmohecidas de tiempos.
Al otro lado de mi ventana
todo tiene un matiz dorado
y una usual melancolía
se adentró por mis pupilas
y doblegó mi tesón, sin reparos.
Buhonería de los Dioses yo me siento
a merced de lo que sus voces me infundan
con su murga permanente,
revelando las imagenes que olvidé
desde hace años, cada amanecer.
El ángel de la justicia
conversa con Hades
sobre un ciprés
que envejece
guardando un portalón forjado,
entornado por un jardín desflorado,
habitado por un ente con mirada afligida
porque no entiende de pactos,
ni de santos, ni de togas
ni de vanidades crecientes.
Resopla la pasión
ya se cansó de las nieves
que mantuvieron ocultas
bajo sus moldes de nacar,
la voz candente del hombre,
que entregó sin medidas su juventud,
en cada horizonte conquistado,
sin reclamarle a la vida
ni una migaja de consuelo.
Del silencio me divorcio
rompo el pacto de la tregua
que se me escuche a una legua
que prescribo del consorcio
por sus artes marrulleras
de envolverme en su cinismo
queriéndome sumiso
a las inclemencias del sueño.
y de cuando clama enérgico
y de a poco llora bíblico
sobre las ondas de barro,
enmohecidas de tiempos.
Al otro lado de mi ventana
todo tiene un matiz dorado
y una usual melancolía
se adentró por mis pupilas
y doblegó mi tesón, sin reparos.
Buhonería de los Dioses yo me siento
a merced de lo que sus voces me infundan
con su murga permanente,
revelando las imagenes que olvidé
desde hace años, cada amanecer.
El ángel de la justicia
conversa con Hades
sobre un ciprés
que envejece
guardando un portalón forjado,
entornado por un jardín desflorado,
habitado por un ente con mirada afligida
porque no entiende de pactos,
ni de santos, ni de togas
ni de vanidades crecientes.
Resopla la pasión
ya se cansó de las nieves
que mantuvieron ocultas
bajo sus moldes de nacar,
la voz candente del hombre,
que entregó sin medidas su juventud,
en cada horizonte conquistado,
sin reclamarle a la vida
ni una migaja de consuelo.
Del silencio me divorcio
rompo el pacto de la tregua
que se me escuche a una legua
que prescribo del consorcio
por sus artes marrulleras
de envolverme en su cinismo
queriéndome sumiso
a las inclemencias del sueño.
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