Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Busqué un sendero. El más sinuoso
el del latido frágil
latido acorazado de espadas
de insomnios enrarecidos y maltrechos espantos,
el de una respuesta excesiva al zarandeo del alma;
el de las imperdonables horas de zozobras
sumergidas en el propio desencanto.
Por estas horas irrita mi cuerpo la madrugada
y para que no destruyas tus horas
hago este disparo de botella consumida
en un cuarto lejano.
Al memorar la vibración vital y el sudor precoz,
que ardió con la prisa del fuego fatuo,
-y también la espuma salobre que derramó besos,
ya que los ojos cansados hacen lo suyo-,
imagino captar lágrimas de un reciente amor,
y puesto que a un amante le espera siempre la ceguera,
la inutilidad de los vanos paseos por callejas
no le embriagan porque quien ama nunca pide perdón;
pero fatalmente en las sábanas húmedas de la pasión
es donde la arena derrama y muere con el alma:
en ellas, en el voraz silencio, deberé dejar rodar
el límite de la vana e inoperante aventura de lo
juegos mentales...
y el vano escarnio del desconcierto y del aturdimiento...
La compasión de nada sirve si un adiós destruye a otro adiós.
Ya sin resistencia y encadenado a mis espaldas,
beberé de tu copa la hermosura desgarrada de esos sueños,
de esta copa tan bella y tan manchada de fragancias verdes,
de olores inolvidables, del transcurso de caricias
que velaron absolutamente hasta dormir tu pelo suave,
siempre acariciados con tu mano pegada a mi regazo...
En algunos de esos instantes supremos de la almohada,
adonde el amor rodó sobre la roca de profundos suspiros,
adonde el destierro ya no fue la flor roja del amanecer,
ya no fue un disparo de pasión desatada que se desintegra.
ni la entrega incondicional inescrutable de la esencia,
ya no fue siquiera un poema vislumbrado por el miedo
o por el huracán que rumiando el desenfreno, ni aun hechizado,
ya partido en dos nunca se salva...
el del latido frágil
latido acorazado de espadas
de insomnios enrarecidos y maltrechos espantos,
el de una respuesta excesiva al zarandeo del alma;
el de las imperdonables horas de zozobras
sumergidas en el propio desencanto.
Por estas horas irrita mi cuerpo la madrugada
y para que no destruyas tus horas
hago este disparo de botella consumida
en un cuarto lejano.
Al memorar la vibración vital y el sudor precoz,
que ardió con la prisa del fuego fatuo,
-y también la espuma salobre que derramó besos,
ya que los ojos cansados hacen lo suyo-,
imagino captar lágrimas de un reciente amor,
y puesto que a un amante le espera siempre la ceguera,
la inutilidad de los vanos paseos por callejas
no le embriagan porque quien ama nunca pide perdón;
pero fatalmente en las sábanas húmedas de la pasión
es donde la arena derrama y muere con el alma:
en ellas, en el voraz silencio, deberé dejar rodar
el límite de la vana e inoperante aventura de lo
juegos mentales...
y el vano escarnio del desconcierto y del aturdimiento...
La compasión de nada sirve si un adiós destruye a otro adiós.
Ya sin resistencia y encadenado a mis espaldas,
beberé de tu copa la hermosura desgarrada de esos sueños,
de esta copa tan bella y tan manchada de fragancias verdes,
de olores inolvidables, del transcurso de caricias
que velaron absolutamente hasta dormir tu pelo suave,
siempre acariciados con tu mano pegada a mi regazo...
En algunos de esos instantes supremos de la almohada,
adonde el amor rodó sobre la roca de profundos suspiros,
adonde el destierro ya no fue la flor roja del amanecer,
ya no fue un disparo de pasión desatada que se desintegra.
ni la entrega incondicional inescrutable de la esencia,
ya no fue siquiera un poema vislumbrado por el miedo
o por el huracán que rumiando el desenfreno, ni aun hechizado,
ya partido en dos nunca se salva...
Última edición: